jueves, 27 de marzo de 2008

Ética o Hipocresía

Después de escuchar las amenazas del presidente francés, Nicolás Sarkozy, sobre un conato de boicot contra los Juegos Olímpicos que este verano se disputarán en China, la duda se cierne sobre mi: se trata de uno de los conocidos ataques de grandeza que sacuden a menudo la psique del dirigente galo, o bien se trata de una versión nueva y comprometida del polifacético político.

Empecemos por orden, las declaraciones son solo un episodio más del show al que nos tiene acostumbrados, en su fiebre de considerarse el centro del mundo y piedra angular sistema internacional cree que su ausencia de la ceremonia inaugural de la cita olímpica supondrá la Apocalipsis del movimiento olímpico, pero nada más lejos de la realidad. El que no aparezca en la foto de ese día no supondrá más que un pequeño matiz dentro de un maremagno de personalidades y eventos en torno al acontecimiento más grande del mundo. Ahora es tarde para dar cerrojazo y boicotear una competición que cientos de deportistas, que deben ser el centro de todas las miradas durante esos días, llevan durante cuatro años preparando a conciencia, y que ven como la ineficacia de los estamentos deportivos, las organizaciones internacionales y cualquier instancia competente dé al traste con sus ilusiones y su esfuerzo. El tema de China no es una circunstancia nueva, desde antes de la elección de este país como sede de los JJ OO se conocía las peculiares circunstancias en las que vivía la población de la República Popular China, así como el conflicto existente en la región del Tibet. No es momento de amenazas sino de atajar el asunto desde el punto de vista político sin enredarlo con el deporte. Se puede presionar a las autoridades del coloso asiático de muchos modos, pero ahora es tarde para hacerlo condicionando uno de los espectáculos más majestuosos del mundo.

Por ello le diría al señor Sarkozy que la mejor ayuda que podría aportar para solucionar los problemas en China es aplicando la cordura y racionalidad, acudiendo a las olimpiadas y después desarrollar políticas de presión sobre los políticos para que desde cualquier ámbito, desde Naciones Unidas o la Unión Europea, se ponga fin a la bochornosa situación que se está viviendo en esta región del mundo, pero por favor, dejemos que la vida deportiva transcurra paralela sin entrelazarse con temas de carácter gubernamental.

miércoles, 26 de marzo de 2008

Vergüenza ajena

De nuevo los seguidores del deporte en general, y del fútbol en particular, nos tenemos que sentir abochornados por la falta de civismo que cuatro energúmenos son capaces de demostrar, poniendo como excusa sus colores futbolísticos. Ningún favor hacen a sus equipos, todo lo contrario, manchan sus nobles escudos con su barbarie y sin razón. Desgraciadamente no se trata de un caso que se produzca de forma aislada, porque no hace falta remontarse mucho en el tiempo ni el espacio para encontrar un ejemplo más de la violencia que se gastan ciertos sectores de las aficiones más radicales, hace diez días Armando, el portero del Athletic de Bilbao, fue brutalmente agredido con una botella en el estadio Ruiz de Lopera en el mismo Sevilla. Esta imagen daña, y mucho, el verdadero espíritu y entusiasmo con el que todas las aficiones apoyan a todos los equipos de España, de un modo cortés, deseando lo mejor para sus jugadores sin necesidad de menospreciar ni arremeter contra la integridad de los rivales, ya sean deportistas o aficionados.
Sinceramente, desde este humilde nicho informativo y/o reflexivo, es una escena que a los que verdaderamente nos gusta y disfrutamos con el deporte nos desilusiona, nos espanta y nos hacer reflexionar sobre la poca racionalidad que se vende desde los propios medios de comunicación, que en muchos casos se convierten en movilizadotes de masas fanáticas, y desde los propios clubes que actúan de un modo muy ligero y nada de mano dura con los energúmenos que deambulan por los recintos deportivos con total inmunidad. Nosotros nos comprometemos y a ellos les pediría hacer frente común en beneficio de un juego, que es al fin y al cabo de los que se trata, para ofrecer siempre una cara amable y tender siempre la mano hacía el contrario, que la rivalidad sea la propia que emana de la disputa de un encuentro, es decir, rescatar la verdadera esencia del deporte que nació en la Vieja Olimpia.
Sin noticias desde el club
El Sevilla no se ha pronunciado ni ha valorado los hechos, lo único a lo que se limitó es a condenar los hechos con un sucinto comunicado el mismo día del encuentro. Todo está pendiente ante la posibilidad de una apertura de expediente por parte del Comité de Antiviolencia de la RFEF, siempre y cuando esta considere oportuno entrar de oficio porque no existe denuncia alguna por parte del Atlético de Madrid, club del que era simpatizante el agredido. Quien si se ha puesto a investigar de oficio es la Policía Nacional, que está recabando pesquisas sobre los incidentes, pero que aún no ha realizado ningún tipo de detención.