
Madrid tiene un nuevo torero, de Orduña sí, de Bilbao sí, pero ¿no dicen que los de Bilbao nacen donde quieren? Iván Fandiño demostró, de nuevo, que quiere ser figura y que su nombre suene fuerte en el mundo del toro. Las tres tardes que ha hecho el paseíllo este año en Madrid ha dado lo un recital de ambición, torería, valor y, sobre todo, arte. Ha bailado con todo, con las guapas, de El Montecillo; las feas, de Carriquiri; y con las del montón, ayer con las de Cuadri. Pero con todas estuvo firme, marcando el número en la arena y siempre con una colocación perfecta en la cara del toro. Eso vale mucho en Las Ventas. Hay que destacar que la suerte en el sorteo estuvo de su parte porque le tocó el mejor lote de un encierro de Cuadri con mucha romana, badanudos y muy en el tipo de la casa. Vamos, lo que demanda el público venteño.
El quinto, de nombre «Podador», pudo ser el toro que catapultase a Fandiño a los puesto de referencia para este año. Un animal que embistió, si no con toda la clase que se le exige al toro perfecto, al menos con transmisión en los primeros compases de la faena. Hasta a la montera, que se hallaba sobre el ruedo después de que el vasco lo brindase a la parroquia, embistió el bravo ejemplar de hierro onubense. Comenzó la actuación en los medios, con la mano diestra, bajando el engaño, embarcando al animal desde delante y rematando atrás, como mandan los cánones. El viento, que molestó toda la tarde, dejaba la franela sin gobierno y el bilbaíno no pudo templarlo como el quisiera. Uno detrás de otro se sucedieron los enganchones, lo que afeó su labor, sobre todo por el pitón izquierdo. Cuando cambió a la siniestra, la faena bajó enteros, pero la estocada, echándose encima del toro bien valió esa oreja. Trofeo que también se le pidió tras pasaportar al segundo con otra estocada de manual. ¡Qué manera de tirarse a matar!, hasta los gavilanes y en todo el hoyo de las agujas. Lástima que el toro tardó en rodar, lo que enfrió los tendidos y la petición fue minoritaria, pero la vuelta al ruedo fue de ley, con todo el mundo entusiasmado con él y batiendo palmas con fueza.
Alberto Aguilar salió por su propio pie de milagro porque la cogida que recibió del tercero de la tarde fue brutal, pero el madrileño siguió en el ruedo, aunque no fue por intentos que hizo «Aviador» por mandarle al hule. Entrando a matar a éste cuarto también se llevó un susto de campeonato, el derrote que le lanzó al pecho era para dejar a más de uno sin habla. Ante el sexto, otro animal rajado y con malas ideas de nuevo, tampoco pudo hilvanar más de dos pases seguidos, porque rápidamente se encontraba con el de Cuadri encima. Aguilar estuvo valiente y al menos se justificó.
El Fundi volvía en la última tarde y no dejó contento a nadie. Se le vio por momentos apático y sin la claridad de ideas de otras veces. Se acabó la feria, pero de esta última tarde salió un romance, que, esperemos, dure para mucho tiempo. Es la unión de un vasco con una madrileña, es Fandiño y Las Ventas. Larga vida a este idilio.
Las Ventas (Madrid). Última de la Feria de San Isidro. Se lidiaron toros de
Celestino Cuadri, bien presentados, con remate y cuajo. Cumplieron en el caballo. El 5º, enrazado; el 2º, con cierta clase. El peor el 3º, con malas intenciones. El Fundi, silencio y pitos; Iván Fandiño, vuelta al ruedo tras aviso y oreja; y Alberto Aguilar, palmas y silencio tras aviso. Lleno.