miércoles, 24 de agosto de 2011

D.O. Morante de la Puebla


 Que grande es la Fiesta, nuestra Fiesta, esa que algunos se quieren cargar con el único pretexto de que huele a España, y que grande es Morante. Después de la catarsis de toreo que se vivió en el cuarto festejo de la Semana Grande de Bilbao, llegó lo mejor, la resaca. La resaca de una borrachera de arte y emotividad.


En esta ocasión el regusto es y será maravilloso. No duele la cabeza y se tiene sed, sí, pero de más licor de torería en estado puro. Esa botella que descorchó Morante ante el cuarto de Cuvillo. Un vino que precisó de aire, reposo y paciencia para degustarlo. Ya durante la faena (en sus inicios sobre todo), algunos dijeron que era zumo de brick (toro «mal andao» como diría Antoñete y sin fijeza, pero con motor), pero no, era sublime caldo fermentado en roble de La Puebla para deleitar los paladares más exigentes. Él y sólo él, Morante, supo alcanzar la fórmula secreta de su elaboración. Tuvo todo: buen color, colorado como «Cacareo»; buena nariz, buena lidia; punto de acidez perfecto, esa tercera vara; buen gusto, ese inicio por bajo y sometiendo; y, sobre todo, buen retrogusto, faena para enmarcar y que quedará en las retinas de todos y en el acervo histórico de la tauromaquia. Pero como en toda borrachera, no faltó: «La última y nos vamos», esa tanda por el izquierdo cuando el animal ya se hallaba en el delirium tremens. Morante recetó tres naturales monumentales y me quedo corto. El sevillano fue el único que tuvo fe en ese pitón y le dio a su caldo esos matices que hacen diferente a este vino.

Borrachos todos, hoy tocaba la mencionada resaca. Y como en la vida, no todos toleran el buen vino del mismo modo. Unos hablan de que fue para tanto, otros que con toros así cualquiera, aquel que si sólo torea cuando quiere...palabras que se pierden en la inmensidad de elogios de los que se han levantado con resaca, pero toreando y soñando con ese «Cacareo» metiendo la cara en los avíos de José Antonio Morante Camacho y su bravura sometida a los designios de una psique compleja, pero a la vez maravillosa del Genio.

Así todo, sobran los comentarios. Esto de los toros, cuando hay buena materia prima, y ayer la hubo, vaya corridón que soltó Álvaro Núñez del Cuvillo al ruedo de Vista Alegre, se convierte en un festival para los sentidos, aunque a algunos les cueste discernirlo.

Viva Morante, los toros y el buen vino.



martes, 23 de agosto de 2011

¿Justicia?


El toro pone a cada uno en su sitio...sí, pero en el ruedo, porque en los despachos priman otros intereses u otros parámetros para confiar en unos toreros a la hora de hacer carteles y suplir bajas que se producen a lo largo de la temporada. El ejemplo de lo que comento lo tenemos calentito, recién salido de la tercera de las Corridas Generales de Bilbao. La terna, compuesta por Diego Urdiales (que sustituyó a Fandiño tras su percance en Málaga), César Jiménez y Matías Tejela, se las vio con un exigente encierro de Fuente Ymbro que tuvo mucho que torear. Propicios para tirar la moneda y dar el aldabonazo en las puertas del toreo. El único que cosechó, y por consiguiente recolectó, fue Urdiales.

El riojano sabe lo que cuesta entrar en las ferias y salió a por todas, incluso jugándose el tipo. Toda la actitud mostrada en arena gris de Vista Alegre, recompensada con una vuelta al ruedo de ley y una sonora ovación, es para que su nombre estuviese en los primeros puestos de las agendas de los empresarios, porque es garantía de entrega y, sobre todo, torería.

Así todo, no pasaron ni dos horas de terminar el festejo en Bilbao, con el evidente triunfo de Urdiales, y la empresa de Almería elige a César Jiménez para sustituir a Fandiño en el ciclo andaluz.

«No entiendo nada», esa es la frase que pasó por la cabeza de muchos periodistas y aficionados que fueron testigos del REPASO que dio el de Arnedo a Jiménez y Tejela en una plaza de primera. No entra en el marco de la lógica que un torero, que había estado muy por debajo de sus toros y mermado por una cornada reciente, fuese el elegido para esa sustitución. Si los de Fuente Ymbro pusieron a Urdiales un peldaño por encima de sus compañeros de cartel, los que están en los despachos se encargaron de bajarlo en apenas unas horas.

¿Qué ilusión puede tener un hombre que se juega día a día sus contratos, que lucha como un jabato en corridas duras y da siempre la cara? Debe ser, y lo es, muy frustrante ver como se olvidan del buen trabajo de uno en cuanto se echa el telón de la tarde. Palmas en la espalda y «hasta la próxima majete». ¿A que obedece la decisión de olvidarse del triunfador de la tarde? ¿El «cambio de cromos»? Pues basta ya de cambios de cromos entre empresarios-apoderados, que ellos serán quienes se carguen la Fiesta.

Fruto de estos intercambios, hay toreros que cuentan con un número estable de festejos, muchos de ellos en plazas de categoría y sin necesidad de esfuerzos, «¿pare qué?, si tengo mi puesto en tal y cual sitio...», pensarán. La cultura del mínimo esfuerzo y de los intereses creados –siempre intereses del bolsillo, no del aficionado– impera en este mundo del toro.

Esta circunstancia minaría la moral de muchos, pero, intuyo, que el amor a esta profesión, la afición desmesurada y la constancia en su sueño harán que toreros como Urdiales, Fandiño o David Mora –entre otro muchos más que se hayan en el ostracismo– siguen trabajando para sacar la cabeza y, esperemos, recojan los frutos de su tenacidad. Son hombres que en cada paseíllo se la toman como una reválida para decir: «Aquí estoy yo», aunque aquellos que quitan y ponen, hagan oídos sordos.

Esperemos que la ecuanimidad y, sobre todo, la justicia se conviertan en los patrones de actuación a la hora de decidir los nombres elegidos para las ferias. Los aficionados no son tontos, pese que algunos lo crean, y saben discernir quien viene de vuelta y quien se toma su profesión con el rigor y la seriedad que merece. Ojalá que esos toreros que están ahí, luchando día a día, no pierdan la fe y abandonen el camino, que al final, supongo...¿habrá justicia? Hasta entonces... Urdiales en casa y otros vistiéndose de luces.

lunes, 22 de agosto de 2011

Ciudad Real: José Tomás y el trabajo bien hecho


Pasó la Feria de Ciudad Real y es momento de hacer balance, escrutar las cosas buenas y las malas de un ciclo histórico por la asistencia de público. ¿Dónde está el secreto? ¿Los precios asequibles? ¿La presencia de José Tomás? ¿Carteles –a pie– rematados? Muchas son las variables que han ayudado a que este año se vea poco o nada de cemento en los tendidos del coso ciudadrrealeño. El revulsivo de esta Feria fue la contratación, contra pronóstico, de José Tomás. El de Galapagar atrae a gente allá por donde se anuncia y dispara la demanda de localidades, pero los cuatro días el aspecto de la plaza era espectacular. El día que menos gente acudió fue a la novillada de promoción, con tres cuartos del aforo. En el resto de festejos el «lleno», con sus matices, apareció en todas las reseñas.

Atrás quedaron desoladoras tardes de un quinto de plaza. Los vecinos de la ciudad, así como de los alrededores, han disfrutado en plenitud de la Feria de la capital de provincia. Un ciclo que estaba en la UVI, parece que recupera las constantes vitales, gracias, en gran medida, a la seria labor desarrollada por su actual gerente, Maximino Pérez. Anteriores gestores, todos, sin concretar en uno sólo, habían convertido esta plaza en un «burdel», en el que el rigor y la seriedad en la gestión brillaban por su ausencia. Baile de corrales; carteles ficticios que luego, por motivos «extraños», no llegaban a darse; demora en los pagos... una serie de actuaciones y actitudes que fueron minando la moral del buen aficionado manchego.

Todo lo malo se ha ido erradicando y en esta edición el éxito ha sido casi rotundo. Digo casi, porque hay aspectos por pulir. En primer lugar el ganado, aunque hay que reconocer que ha sido bastante digno, poco a poco habría que darle mayor entidad a los astados reseñados para consolidar el serial y se convierta en referencia para aficionados y toreros. El siguiente paso es la información al aficionado, no se ha visto un sólo programa de mano y una octavilla con los datos del encierro, salvo el folio del reconocimiento clavado en la puerta grande. Son detalles que ayudan a darle entidad a la feria de Ciudad Real. La apuesta por las nuevas tecnologías y las redes sociales es una gran innovación, pero hay que tener en cuenta que muchos aficionados no se manejan en esos lares. Los aficionados al toreo a caballo se vieron, en cierto modo, marginados, dos carteles de campanillas a pie, pero el de rejones quedó un tanto descafeinado, aunque luego disfrutaron con las ganas de dos jóvenes jinetes que están haciéndose hueco en este mundo. Y por último, aunque no sea potestad de los gestores, sino de la propiedad del inmueble, el Ayuntamiento, la necesidad de mejoras en las infraestructuras. Los accesos a las gradas son una auténtico caos, los servicios tercermundistas y un reloj que cada día se retrasaba más, por favor, denle cuerda.

Así todo, el trabajo serio y bien hecho ayuda a recuperar a esa afición que nunca se fue del todo y ha vuelto cuando ha visto seriedad, confianza en la empresa y, sobre todo, a José Tomás en los carteles. Esperemos que el año que viene Maximino Pérez, siga trabajando en la línea que lo está haciendo hasta ahora, potencie las virtudes y subsane los errores, que el público acudirá.

domingo, 21 de agosto de 2011

El hambre lo puede todo

Fernando Tendero aprovechó la oportunidad en Ciudad Real y salió a hombros tras cortar sendas orejas, mientras que Morante y El Juli se fueron de vacío



Foto: Raquel Montero

«Más cornadas da el hambre», decían (y se dice) en el mundo del toro. Pero ese hambre, si es de contratos y triunfos, cortan orejas y te saca a hombros de las plazas. Fernando Tendero se encontró con la sustitución de Cayetano en Ciudad Real como agua de mayo y esa misma agua en forma de lluvia amenazó su presentación como matador de toros ante sus paisanos, pero el mal tiempo sólo fue una anécdota más de una tarde tan especial, porque el éxito lo tapa todo: la adversidad meteorológica, el mal juego del ganado, las imperfecciones propias de un torero que hacía su primer paseíllo del año... La idea de Tendero era clara: aprovechar la oportunidad presentada en bandeja de plata. No todos los días se comparte cartel con dos figuras del toreo, con la repercusión y responsabilidad que ello conlleva.

De este modo, estaba claro que no era tarde para especular, sino para lanzar la moneda. Fernando Tendero agarró el percal y se dirigió hacia el portón de los sustos para recibir al tercero a puertagayola. Es lo menos que se le puede exigir a uno que llega a esta profesión y tiene un largo y arduo camino que labrarse. Rodillas en tierra, Tendero le recetó un farol seguido de sentidas verónicas que despertaron el entusiasmo del respetable. El manchego estuvo especialmente motivado, como evidenció en un vibrante quite por gaoneras con el compás abierto. Ya con la franela, el de Villarta de San Juan fundamentó su labor por el pitón derecho, puesto que por el zurdo el animal acortaba el viaje. Por momentos consiguió templar la embestida del de Santiago Domecq, pero la falta de fuerzas del animal hizo que en lugar de embestir, se defendiese cabeceando. La faena fue perdiendo en intensidad, pero si el toro no iba, allí estaba el villartero para dar el arrimón y aguantar parones, que, por si no había quedado claro, demostraba la avidez que tiene de oportunidades para ser figura del toreo. La espada entró, punto caída, pero la gente estaba con el torero.

Ante el sexto, con el hierro de Ana María Bohórquez, Tendero no tuvo opción de lucimiento con el capote. Ya tenía una oreja cortada de su primero y la puerta grande entreabierta, el toro no era el propicio, pero la meta estaba cerca y no valía rendirse. El prólogo de faena, con las rodillas clavadas en el albero, metió a la gente en lo que estaba pasando en el ruedo, puesto que andaba distraída con los incidentes de cuatro, que no pueden calificarse como aficionados. Tendero porfió buscando las vueltas a un toro deslucido y pegado al piso. Los mejores momentos llegaron al natural, pero sin alcanzar la ligazón que hubiese hecho rotunda su actuación. De nuevo la entrega y las ganas le valieron el apéndice que le sirvió como salvoconducto para salir en volandas.

Antes, El Juli se las vió con un lote deslucido y áspero. Ante el segundo, otro remiendo de Ana María Bohórquez, se lució a la verónica y con un quite por chicuelinas. El madrileño instrumentó una faena a favor de su oponente, pero poco a poco demostrando quien mandaba en la lucha hombre-animal. El burel soltaba la cara al final del muletazo tirando derrotes a las hombreras, pero, con una facilidad abrumadora, El Juli consiguió encelar a su adversario en el vuelo de los avíos, sobre todo por el pitón derecho. El público conectó con la labor del de Velilla y, tras dejar éste una estocada trasera, los pañuelos afloraron para pedir con insistencia la oreja que el palco negó. El quinto fue un animal rajado y deslucido, que poco ayudó para hacer el buen toero. Pese a todo, El Juli pudo instrumentar una faena de técnica e inteligencia, para sacar lo poco que encerraba el de Santiago Domecq.

Abrió el cartel Morante de la Puebla, que nada más abrir su capote dejó cinco verónicas y una media para enmarcar, todo apuntaba a lío gordo nada más empezar, pero se quedó en eso...apuntes, porque el toro se fue diluyendo con la torrencial lluvia que caía sobre el coso manchego. Pases aislados, buenos, pero aislados. Con el colorado que hizo cuarto, no hubo para nada y Morante optó por abreviar. El respetable entendió que el de La Puebla podía haber hecho más y le dedicó una ración de pitos, que también son parte de este juego.

Así todo, Fernando Tendero llegó, vio y triunfó. No tuvo a los elementos en su favor, pero el empuje, el hambre de contratos y las ganas de alguien por hacerse un hueco en el mundo del toro abrieron de par en par la puerta grande en Ciudad Real.

Ciudad Real. Última de feria. Se lidiaron toros de Santiago Domecq y Ana María Bohórquez (2º y 6º), correctos de presentación, deslucidos y faltos de fuerza en líneas generales. Morante de la Puebla, palmas y pitos; El Juli, ovación en ambos; y Fernando Tendero, oreja y oreja. Lleno.


sábado, 20 de agosto de 2011

Al César el éxito; a José Tomás el toreo eterno


Foto: Ernesto Naranjo


Jiménez salió a hombros tras cortar sendas orejas, mientras que el de Galapagar sólo pudo pasear un trofeo.

La canícula manchega no se quiso perder el quinto paseíllo de José Tomás tras su reaparición. Los termómetros apuntaban la febril cifra de los 40 grados, pero eso no amedrentó a los aficionados venidos de aquí y de allí para ver al mito moderno del toreo. Todos, uno a uno, formaron el tupido tejido humano que abarrotaron los vetustos tendidos de la plaza de Ciudad Real. No cabía un alfiler y respirar era cuestión de supervivencia, porque faltaba el aire por momentos. Más de 8.500 almas que esperaban con impaciencia que saliera el toro y la emotividad en el ruedo dejase en segundo plano el sofocante calor.

Así todo, en cuanto la terna de presentó en el remozado albero, todo, el calor, los problemas de a la hora de acceder a los tendidos, el impuntual comienzo..., pasó a un segundo plano. José Tomás estaba allí –el «mesías» para muchos empresarios– con un terno que sembró la duda entre los que fuimos testigos del evento. ¿Nazareno? ¿Ciruela? ¿Tabaco? Daba igual. Lo importante era que la ciudad manchega contaba con el privilegio de convertirse en una de las escasas paradas del torero madrileño en su corta temporada. Pero en el cartel no era sólo él, Víctor Puerto, en un gesto torero, salió de la clínica horas antes de vestirse de luces y cumplir el compromiso ante sus paisanos, aunque se le vio sensiblemente mermado. César Jiménez, a la postre triunfador de la tarde, llegaba con la vitola de triunfador en Madrid.

Acabado el protocolo inicial y la acogedora ovación para los tres espadas, se abrió el portón de los sustos y es en ese momento cuando el que marca las normas es el toro. Jiménez triunfó, pero el toreo profundo y que emociona lo puso José Tomás. Por la derecha o por la izquierda, daba igual. Con el segundo de la tarde, saludó con primorosas verónicas ganando terreno al burel hasta sacarlo a los medios y metiéndose, como si no lo tuviese, al público en el bolsillo. Ya con la franela, nada de probaturas: brindis y a torear con la diestra. Sin forzar al de Torreherberos, en lineas rectas y dejando espacio y tiempo. El animal andaba justo de motor y había que cuidarlo. Faena para sentar cátedra. Tomás embarcó las embestidas muy delante para llevarlo templado hasta....no sé, ¿el infinito? Si de escándalo fueron las tres tandas con la diestra, con el toreo al natural puso la «caldera» al rojo vivo. Ofrecía el pecho a su oponente, se cimbreaba como un junco azotado por el viento. La pureza del toreo personificada. Todo con una suavidad parsimoniosa. Roto de cintura, compás abierto y muñeca de seda fueron la combinación perfecta. En el ocaso de la labor, doblones torerísimos y unos estatuarios de impoluta verticalidad. Con los dos trofeos asegurados, el acero se volvió romo al primer intento restando enteros a su actuación. A la segunda entró la espada, pero la gente, aunque parezca mentira, se enfrió y sólo cobró una oreja de mucho peso.

Si en el segundo vimos la versión eterna del toreo, en el quinto. José Tomás tragó mucho de un jabonero manso, pero con arreones de dudosas intenciones. Si no había toro, había un torero que no entiende de fronteras entre el terreno del animal y el terreno del hombre. No existió esta dualidad de espacio. El diestro intentó provocar la embestida metido entre los pitones, pero lo único que consiguió poner el corazón en un puño al respetable, que supo valorar el esfuerzo y valor que derrochó José Tomás, aún sabiendo que esta tarde tampoco saldría por la puerta grande.

Quien sí salió en volandas fue César Jiménez, que sorteó el lote con más movilidad de la tarde. Con dos faenas marca de la casa: descalzo, gustándose, compás abierto y buscando la profundidad, pero la falta de fuelle del astado no permitió bajar la mano en demasía. Actuaciones vistosas, aprovechando el ir y venir de reses que se dejaban hacer, pero que no colaboraban en exceso. Jiménez anduvo inteligente para dar fiesta a sus oponentes. Destacó también el de Fuenlabrada con el capote ante su primero, con verónicas de manos bajas, ahormando con suavidad la embestida de la fiera y un quite por chicuelinas, de nuevo con agarrando el percal por debajo de la cintura y rematando por tafalleras y larga de una gran plasticidad. La gran estocada que recetó al tercero, algo trasera, pero de efecto rápido provocó que los pañuelos aflorasen en los tendidos. Oreja, fuerte petición de la segunda y bronca monumental para el palco. Ante el sexto estuvo menos hábil con la espada, pero no le impidió pasear otro apéndice que le aseguraba sumar otro triunfo a su temporada.

Abría el cartel un Víctor Puerto con las heridas aún supurando después de fuerte cogida sufrida cinco días antes en el coso de La Malagueta. Gesto de gallardía y vergüenza torera. El manchego salió a dar la cara, pero la mala fortuna, en este caso se puede decir la mala pata derecha del primero de Torrehandilla, quiso que se fracturara en el primer muletazo y tuvo que ser apuntillado en el ruedo. Antes, pudo dejar detalles de su tauromaquia toreando relajado a la verónica y garbosas chicuelinas. Con el áspero toro que hizo cuarto de la tarde se agudizó su merma física. Visiblemente cojeando sólo pudo hacer faena al hilo de las tablas, puesto que el animal huyó al olivo en cuanto tuvo ocasión. Fue un animal que había que llevarlo muy tapado para que cogiese los avíos con codicia, pero Puerto andaba muy limitado para hacer frente a las complejidades de su oponente.

Así todo, a José Tomás se le volvió a resistir abrir la puerta grande en Ciudad Real. Desde su regreso a los ruedos en Valencia el pasado 23 de julio ha sumado tantas orejas como paseíllos, pero pese a la falta de triunfos rotundos, cada día deja más claro, con su toreo profundo y lleno de verdad, que ha vuelto para situarse en los terrenos reservados para figuras que marcan época. Al César (Jiménez), lo que es del César: el éxito; y a José Tomás el toreo eterno.

Ciudad Real. Se lidiaron toros de Torreherberos y uno de Torrehandilla (1º y 5º), correctos de presentación, aunque desiguales de hechuras. Manejables en general, aunque faltos de fuerzas. Víctor Puerto, de grana y oro, apuntillado tras romperse una pata (silencio); estocada caída (ovación). José Tomás, de nazareno y oro, pinchazo, estocada (oreja); pinchazo, pinchazo hondo (ovación). César Jiménez, de rosa y plata, estocada (oreja); pinchazo, bajonazo (oreja). Lleno de «no hay billetes».