lunes, 22 de agosto de 2011

Ciudad Real: José Tomás y el trabajo bien hecho


Pasó la Feria de Ciudad Real y es momento de hacer balance, escrutar las cosas buenas y las malas de un ciclo histórico por la asistencia de público. ¿Dónde está el secreto? ¿Los precios asequibles? ¿La presencia de José Tomás? ¿Carteles –a pie– rematados? Muchas son las variables que han ayudado a que este año se vea poco o nada de cemento en los tendidos del coso ciudadrrealeño. El revulsivo de esta Feria fue la contratación, contra pronóstico, de José Tomás. El de Galapagar atrae a gente allá por donde se anuncia y dispara la demanda de localidades, pero los cuatro días el aspecto de la plaza era espectacular. El día que menos gente acudió fue a la novillada de promoción, con tres cuartos del aforo. En el resto de festejos el «lleno», con sus matices, apareció en todas las reseñas.

Atrás quedaron desoladoras tardes de un quinto de plaza. Los vecinos de la ciudad, así como de los alrededores, han disfrutado en plenitud de la Feria de la capital de provincia. Un ciclo que estaba en la UVI, parece que recupera las constantes vitales, gracias, en gran medida, a la seria labor desarrollada por su actual gerente, Maximino Pérez. Anteriores gestores, todos, sin concretar en uno sólo, habían convertido esta plaza en un «burdel», en el que el rigor y la seriedad en la gestión brillaban por su ausencia. Baile de corrales; carteles ficticios que luego, por motivos «extraños», no llegaban a darse; demora en los pagos... una serie de actuaciones y actitudes que fueron minando la moral del buen aficionado manchego.

Todo lo malo se ha ido erradicando y en esta edición el éxito ha sido casi rotundo. Digo casi, porque hay aspectos por pulir. En primer lugar el ganado, aunque hay que reconocer que ha sido bastante digno, poco a poco habría que darle mayor entidad a los astados reseñados para consolidar el serial y se convierta en referencia para aficionados y toreros. El siguiente paso es la información al aficionado, no se ha visto un sólo programa de mano y una octavilla con los datos del encierro, salvo el folio del reconocimiento clavado en la puerta grande. Son detalles que ayudan a darle entidad a la feria de Ciudad Real. La apuesta por las nuevas tecnologías y las redes sociales es una gran innovación, pero hay que tener en cuenta que muchos aficionados no se manejan en esos lares. Los aficionados al toreo a caballo se vieron, en cierto modo, marginados, dos carteles de campanillas a pie, pero el de rejones quedó un tanto descafeinado, aunque luego disfrutaron con las ganas de dos jóvenes jinetes que están haciéndose hueco en este mundo. Y por último, aunque no sea potestad de los gestores, sino de la propiedad del inmueble, el Ayuntamiento, la necesidad de mejoras en las infraestructuras. Los accesos a las gradas son una auténtico caos, los servicios tercermundistas y un reloj que cada día se retrasaba más, por favor, denle cuerda.

Así todo, el trabajo serio y bien hecho ayuda a recuperar a esa afición que nunca se fue del todo y ha vuelto cuando ha visto seriedad, confianza en la empresa y, sobre todo, a José Tomás en los carteles. Esperemos que el año que viene Maximino Pérez, siga trabajando en la línea que lo está haciendo hasta ahora, potencie las virtudes y subsane los errores, que el público acudirá.

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