El toro pone a cada uno en su sitio...sí, pero en el ruedo, porque en los despachos priman otros intereses u otros parámetros para confiar en unos toreros a la hora de hacer carteles y suplir bajas que se producen a lo largo de la temporada. El ejemplo de lo que comento lo tenemos calentito, recién salido de la tercera de las Corridas Generales de Bilbao. La terna, compuesta por Diego Urdiales (que sustituyó a Fandiño tras su percance en Málaga), César Jiménez y Matías Tejela, se las vio con un exigente encierro de Fuente Ymbro que tuvo mucho que torear. Propicios para tirar la moneda y dar el aldabonazo en las puertas del toreo. El único que cosechó, y por consiguiente recolectó, fue Urdiales.
El riojano sabe lo que cuesta entrar en las ferias y salió a por todas, incluso jugándose el tipo. Toda la actitud mostrada en arena gris de Vista Alegre, recompensada con una vuelta al ruedo de ley y una sonora ovación, es para que su nombre estuviese en los primeros puestos de las agendas de los empresarios, porque es garantía de entrega y, sobre todo, torería.
Así todo, no pasaron ni dos horas de terminar el festejo en Bilbao, con el evidente triunfo de Urdiales, y la empresa de Almería elige a César Jiménez para sustituir a Fandiño en el ciclo andaluz.
«No entiendo nada», esa es la frase que pasó por la cabeza de muchos periodistas y aficionados que fueron testigos del REPASO que dio el de Arnedo a Jiménez y Tejela en una plaza de primera. No entra en el marco de la lógica que un torero, que había estado muy por debajo de sus toros y mermado por una cornada reciente, fuese el elegido para esa sustitución. Si los de Fuente Ymbro pusieron a Urdiales un peldaño por encima de sus compañeros de cartel, los que están en los despachos se encargaron de bajarlo en apenas unas horas.
¿Qué ilusión puede tener un hombre que se juega día a día sus contratos, que lucha como un jabato en corridas duras y da siempre la cara? Debe ser, y lo es, muy frustrante ver como se olvidan del buen trabajo de uno en cuanto se echa el telón de la tarde. Palmas en la espalda y «hasta la próxima majete». ¿A que obedece la decisión de olvidarse del triunfador de la tarde? ¿El «cambio de cromos»? Pues basta ya de cambios de cromos entre empresarios-apoderados, que ellos serán quienes se carguen la Fiesta.
Fruto de estos intercambios, hay toreros que cuentan con un número estable de festejos, muchos de ellos en plazas de categoría y sin necesidad de esfuerzos, «¿pare qué?, si tengo mi puesto en tal y cual sitio...», pensarán. La cultura del mínimo esfuerzo y de los intereses creados –siempre intereses del bolsillo, no del aficionado– impera en este mundo del toro.
Esta circunstancia minaría la moral de muchos, pero, intuyo, que el amor a esta profesión, la afición desmesurada y la constancia en su sueño harán que toreros como Urdiales, Fandiño o David Mora –entre otro muchos más que se hayan en el ostracismo– siguen trabajando para sacar la cabeza y, esperemos, recojan los frutos de su tenacidad. Son hombres que en cada paseíllo se la toman como una reválida para decir: «Aquí estoy yo», aunque aquellos que quitan y ponen, hagan oídos sordos.
Esperemos que la ecuanimidad y, sobre todo, la justicia se conviertan en los patrones de actuación a la hora de decidir los nombres elegidos para las ferias. Los aficionados no son tontos, pese que algunos lo crean, y saben discernir quien viene de vuelta y quien se toma su profesión con el rigor y la seriedad que merece. Ojalá que esos toreros que están ahí, luchando día a día, no pierdan la fe y abandonen el camino, que al final, supongo...¿habrá justicia? Hasta entonces... Urdiales en casa y otros vistiéndose de luces.
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