«Pasen
y vean», aquel reclamo que se oía en muchos pueblo y ciudades
cuando llegaba el circo. «Pasen y vean» es, en la actualidad, el
eslogan que puede emplear la empresa que se encuentra al frente de la
plaza de toros más importante del mundo. De confirmarse la noticia
que saltó a primera hora de la noche, la vuelta a Las Ventas del
denominado Cartel de los Mediáticos (dicho sin ningún matiz
peyorativo, puesto que son objeto informativo de determinados
programas. Eso sí, en las antípodas de los taurinos). A la peregrina
noticia, y de forma casi simultánea, también se nos informó de la
ausencia de José Tomás en el coso de la calle Alcalá. En esta información hay muchas teclas que tocar y muchos matices que analizar. Es
tela de otro telar.
Así
todo, el de Galapagar no trenzará el paseíllo en Madrid, pero la
empresa, en un golpe de efecto magistral, rescata una fórmula
caduca, rancia, obsoleta e inverosímil para el epicentro taurino
mundial: el trío formado por Manuel Díaz «El Cordobés», Francisco
Rivera «Paquirri» y David Fandila «El Fandi». Esta combinación
puede funcionar en plazas de provincias, pueblos y portátiles.
Atraen a su público. Sí, pero estamos hablando de un templo de la
tauromaquia. No lo convirtamos en un circo. El mundo del toro está
atravesando momentos delicados, hay que apostar por la calidad y la
innovación.
Es
por ello que irrita este tipo de gestión de la empresa o, más bien,
los aires de grandeza e intelecto que se autoproclama esta «Santísima
Trinidad». Se unieron para no dañarse entre las
grandes casas y ahora han hecho de Madrid su cortijo particular.
Dicen que tienen ideas nuevas para atraer al público, pero hasta
ahora más de lo mismo o peor. Venden como victorias derrotas
clamorosas (véase abonos juveniles), intentan anular a aquellos que
se revela en defensa de sus legítimos derechos y, lo más triste,
hacen oídos sordos a los que religiosamente pasan por taquilla.
Éstos
que mandan siguen anquilosados en el pasado. Modelo desestructurado y
caduco. No se han adaptado a los nuevos tiempos. Ni quieren. Así lo
han demostrado, porque ante la crisis nos ofrecen mediocridad. Y
mientras tanto, los que pagan, los que se preocupan por que salga
adelante la Iniciativa Legislativa Popular en favor de la Fiesta, los
que viven la Tauromaquia de verdad reciben un servicio cada vez más ínfimo. No se entiende a que se debe este cartel o broma de mal gusto.
¿Llenar? Madrid no necesita esta combinación para llenar. Necesita de la conjugación equilibrada de figuras, toreros emergentes,
profesionales jóvenes que quieren decir algo en la Fiesta. No necesita gente que
viene de vuelta.
Se
mire como se mire, todo esta situación pone de manifiesto una falta de imaginación imprudente, porque ya
tiene a la afición en contra sin que haya salido un toro al ruedo.
¿Es qué no son capaces de discernir lo que necesita la Fiesta?
Parecen vivir de espaldas al mundo, haciendo caso omiso a las voces
que vienen de la sociedad del toro. Sobran alicientes con los que
trabajar, sólo es cuestión de abrir las mentes. S está
constatando que el entramado empresarial padece de lo que Carlos
Herrera califica de «Otitis Testicular», es decir, no
escuchan porque no les sale de sus... gónadas.
Quizás
ellos, los tres magnates, se encuentren en un nivel de inteligencia
superior al resto de personas que formamos este «circo» y vean en
este recurso vintage, aunque sería mejor hablar de rancio,
la salvación de la Fiesta. No sé. Déjenme que dude.
No
obstante, con todo lo dicho y pese al mosqueo generalizado de los
aficionados, rompo un lanza, pequeña eso sí, por los tres toreros.
Están en su legítimo derecho de querer torear en Madrid. Otra cosa
es que por dignidad y coherencia, ellos mismos se planteen la
cuestión de «¿qué hacemos nosotros aquí?». Deberían ser
conscientes de que se van ha encontrar con una parroquia hostil desde
el momento que pisen la arena. ¿Qué necesidad tienen de pasar una
mala tarde de primavera en Madrid? Apenas van a aportar nada en sus
carreras y perder...tampoco, porque el crédito que tienen entre la
afición capitalina es nulo.
Y
a estas alturas, mientras que unos sigan tratando a Madrid como un
circo en el que todo vale y a los otros no les dé un ataque de
vergüenza torera, sólo cabe decir: «Pasen y vean como nos cargamos
ésto».
Pedro L. Calvillo (@pedrolcalvillo)
Pedro L. Calvillo (@pedrolcalvillo)





