Después de escuchar las amenazas del presidente francés, Nicolás Sarkozy, sobre un conato de boicot contra los Juegos Olímpicos que este verano se disputarán en China, la duda se cierne sobre mi: se trata de uno de los conocidos ataques de grandeza que sacuden a menudo la psique del dirigente galo, o bien se trata de una versión nueva y comprometida del polifacético político.
Empecemos por orden, las declaraciones son solo un episodio más del show al que nos tiene acostumbrados, en su fiebre de considerarse el centro del mundo y piedra angular sistema internacional cree que su ausencia de la ceremonia inaugural de la cita olímpica supondrá la Apocalipsis del movimiento olímpico, pero nada más lejos de la realidad. El que no aparezca en la foto de ese día no supondrá más que un pequeño matiz dentro de un maremagno de personalidades y eventos en torno al acontecimiento más grande del mundo. Ahora es tarde para dar cerrojazo y boicotear una competición que cientos de deportistas, que deben ser el centro de todas las miradas durante esos días, llevan durante cuatro años preparando a conciencia, y que ven como la ineficacia de los estamentos deportivos, las organizaciones internacionales y cualquier instancia competente dé al traste con sus ilusiones y su esfuerzo. El tema de China no es una circunstancia nueva, desde antes de la elección de este país como sede de los JJ OO se conocía las peculiares circunstancias en las que vivía la población de la República Popular China, así como el conflicto existente en la región del Tibet. No es momento de amenazas sino de atajar el asunto desde el punto de vista político sin enredarlo con el deporte. Se puede presionar a las autoridades del coloso asiático de muchos modos, pero ahora es tarde para hacerlo condicionando uno de los espectáculos más majestuosos del mundo.
Por ello le diría al señor Sarkozy que la mejor ayuda que podría aportar para solucionar los problemas en China es aplicando la cordura y racionalidad, acudiendo a las olimpiadas y después desarrollar políticas de presión sobre los políticos para que desde cualquier ámbito, desde Naciones Unidas o la Unión Europea, se ponga fin a la bochornosa situación que se está viviendo en esta región del mundo, pero por favor, dejemos que la vida deportiva transcurra paralela sin entrelazarse con temas de carácter gubernamental.