lunes, 24 de octubre de 2011

De tu casa al cielo, Torero


Si el cielo tiene una puerta, ésta se ubica en la calle Alcalá. Concretamente en la plaza de toros de Las Ventas. Este umbral lo cruzó por octava vez, y a la postre última, Antonio Chenel "Antoñete" a hombros de sus pupilos los toreros que se acercaron hasta el coso madrileño para agradecerle el legado de sabiduría que ha dejado a las generaciones venideras. Las palmas rompieron al unísono y los gritos de "torero, torero". Fue la banda sonora de la despedida.

No tuviste la deseada vuelta al ruedo, aunque sí una salida en volandas que tuvo un invitado inesperado, el sol, que se había escondido durante toda la jornada, pero quiso estar presente en el último instante de tu vida. Soplaba en viento de Toledo y las banderas, a media asta, miraban hacia el ruedo, "agua seguro", como muchas tardes decías. A las 16:35 se abrió el cielo para recibirte con honores de Jefe de Estado. Chenel, saliste a hombros de tu plaza, tu casa, tu vida. Ahora ocuparás un lugar privilegiado allí en el cielo. Una localidad sólo reservada para privilegiados, puesto que tú lo eras.

En el día de tu despedida te vestiste de corto, precioso terno de terciopelo en verde botella, pero no pudo faltar en una silla, como en tantas tardes, tu clásico lila y oro, el mismo que el día de "Cantinero", tu último triunfo en tu templo. Ese traje ya quedará para la posteridad: “Chenel y oro”. Muchos toreros serán los que elijan esas sedas para vestirse de luces, porque posee un valor añadido: el que lo llevase uno de los referentes de la tauromaquia en las últimas décadas del siglo XX. Un maestro que lucía un mechón de plata como una pincelada celestial que distingue a los privilegiados y tú lo eras. Te recuerdan como maestro, pero quizá se quede corto este apelativo. Eras algo más, un catedrático de este arte, el de torear y el de vivir. Figura, tanto dentro, como fuera del redondel.

Hasta última hora sentaste cátedra y te nos fuiste con 79 años de edad, pero muchos más de vida. Un modo diferente de interpretar y afrontar el paso entre los mortales. El tabaco, maldito fumeque que diría Juncal, se ha llevado a uno de los grandes. Hombre querido por todos. Sólo hizo falta observar la cantidad de gente, profesionales y aficionados, que reservaron unos minutos de este lunes para darle el último adiós.

Del mismo modo, Chenel, has dejado un hueco irreparable entre tus compañeros, los cuales lloraban rotos a las puertas de tu casa, tu templo y plaza, las de Las Ventas. Saliste a hombros y directo fuiste al paraíso. Ahora, allá en el ruedo celestial, en donde se encuentran los buenos y los privilegiados, el cielo seguro, abrirás tu capote para firmar otra faena como la de "Atrevido" y otras muchas más que dejaste en vida, pero en esta ocasión serán los ángeles quienes saquen el pañuelo de blanco inmaculado para pedirte los máximos trofeos. Desde allí seguirás inspirando a muchos que te conocieron y te conocerán. De nuevo, cada tarde de San Isidro te volverás a vivir el toreo con otros maestros que allí te esperan para formar parte de su senado de sabios del toreo. Descanse En Paz Maestro.


sábado, 22 de octubre de 2011

Adiós Chenel, adiós Maestro


Antonio Chenel Albadelojo "Antoñete", maestro de maestros. Tu mechón canoso ya forma parte de acervo cultural taurino, al igual que tu faena a "Atrevido". El toro blanco que allá en el cielo, porque no te mereces otro sitio, estará esperando a que les vuelvas pegar esas verónicas, esos naturales...esos que tú, sólo tú sabías firmar. Esa entidad torera, esas manoletinas clavadas en la arena. Atrevido, tu toro y tu adjetivo, porque fuiste un vividor, pero de los buenos. Lo que ganabas con tus femorales lo disfrutabas, porque lo valiste y lo sigues valiendo Torero.

Desde la primera vez que te vestiste de luces, allá por 1946 hasta hoy, 22 de octubre de 2011, has representado a tu profesión como el mejor. Tu forma de interpretar la vida y la lidia fue única. Tu sentido para oler a los toros nada más salir de la puerta de chiqueros, tu inteligencia, tu torería... Todo se nos va contigo a tus 79 años.

Así todo, huérfanos quedan los toreros venideros, pero los que bebieron de tu sabiduría están tristes por tu perdida, pero se han de considerar privilegiados por haberte conocido. Porque ni tus dolencias óseas ni la crítica te echaron para atrás. Fuiste genio y figura, para irte y volver a los ruedos, pero el maldito tabaco te ha sacado de este albero que es la vida.

No te olvidaremos, jamás, aunque tú (me perdonará que a estas alturas del texto le pida permiso para tutearle, porque antes ya me permití la licencia) estés allí, en el cielo, con tu Ducados -maldito tabaco- mirando a los chavales que nunca te conocieron, nosotros, tus legados, los que te conocimos debemos hacerte presente. Todo aquel que quiera ser algo en este mundo, debe, por obligación, saber de tu interpretación del toreo. De tu maestría, de tu genio y tu vida. Olé tú, olé usted, olé por las buenas faenas nos dejaste y olé por tu "girón de luna blanca" como cantó tu a amigo José Luis Cantero, alias El Fary.

Descanse en Paz un artista coronado con un mechón de plata, manos de oro, muñecas de seda, alma de gigante, corazón de golondrina y eras la nobleza en estado puro. Se va Antoñete, con su eterno lila y roro, se va un TORERO.


sábado, 8 de octubre de 2011

Juan José Padilla, un Ciclón... de vida


«No veo, no veo, por Dios, mis niños» fueron las palabras que gritaba Juan José Padilla nada más recibir la brutal cornada de "Marqués". Exclamaciones que nacieron del dolor y que se clavan en lo más profundo del corazón taurino. Un hombre con el rostro destrozado, un valiente herido en combate, un Ciclón de vida que en unos segundos se veía en el umbral de un túnel, del que afortunadamente saldrá. Seguro. Padilla, torero que emana energía positiva y vitalidad en todo momento, se enfrenta al toro más complicado de su vida. Muchas serán las complicaciones, pero con torería, pundonor -ese que siempre derrochó- y el temple, el de Jerez nos volverá a regalar su eterna sonrisa.

De poco sirve ahora hablar de pasado o de futuro, es momento de respirar por el milagro de la vida. Ese divino capote de la Virgen del Pilar. Qué oportuno fue. Padilla está con nosotros ahora y nosotros -el mundo del toro- con él. El astado de la recuperación será incierto, dará arreones, desparramará la vista, probará, pero el Ciclón está curtido en mil batallas y con la ayuda de su cuadrilla, todos los que amamos esta divina locura llamada tauromaquia, formará un lío monumental que brindará a la vida, la suya y a la de sus niños.

En una sociedad en la que la muerte se quiere ocultar o ignorar, en el mundo del toro somos conscientes de que está ahí, latente y al acecho, pero cuando las cosas se complican, se produce una erupción de vida que es difícil de describir con palabras. Una vez más, y van muchas, el corazón taurino ha latido con fuerza en pos de la recuperación de un miembro de esta generosa familia, que se desvela por los suyos, que reza para que todo salga bien, que llora junta en los malos momentos. Una familia que tiene sus diferencias, sí, pero que cuando se une es capaz de crear un Ciclón de vida que se lleva por delante los malos momentos. Cuando hay que afrontar estas vivencias, las duras, es cuando se ve la verdadera naturaleza de las personas y en este caso se ha producido una avalancha de solidaridad, civismo, integridad y fuerza para con el maestro jerezano.

Por todo esto, es momento de sacar ese orgullo de pertenecer a una Familia que arrima el hombro cuando vienen mal dadas, cada uno desde su parcela: los médicos, los periodistas, los toreros, los aficionados... Cualquier detalle, por mínimo que parezca, supone un poco más de aliento para alcanzar un final feliz. Todos, en la medida que pueden, serán, o seremos, partícipes del milagro de la vida. Por eso, los partes meteorológicos deben prevenir que se avecina un Ciclón, un Ciclón de fortaleza y vitalidad que se llama Juan José Padilla. #fuerzapadilla.