lunes, 24 de octubre de 2011

De tu casa al cielo, Torero


Si el cielo tiene una puerta, ésta se ubica en la calle Alcalá. Concretamente en la plaza de toros de Las Ventas. Este umbral lo cruzó por octava vez, y a la postre última, Antonio Chenel "Antoñete" a hombros de sus pupilos los toreros que se acercaron hasta el coso madrileño para agradecerle el legado de sabiduría que ha dejado a las generaciones venideras. Las palmas rompieron al unísono y los gritos de "torero, torero". Fue la banda sonora de la despedida.

No tuviste la deseada vuelta al ruedo, aunque sí una salida en volandas que tuvo un invitado inesperado, el sol, que se había escondido durante toda la jornada, pero quiso estar presente en el último instante de tu vida. Soplaba en viento de Toledo y las banderas, a media asta, miraban hacia el ruedo, "agua seguro", como muchas tardes decías. A las 16:35 se abrió el cielo para recibirte con honores de Jefe de Estado. Chenel, saliste a hombros de tu plaza, tu casa, tu vida. Ahora ocuparás un lugar privilegiado allí en el cielo. Una localidad sólo reservada para privilegiados, puesto que tú lo eras.

En el día de tu despedida te vestiste de corto, precioso terno de terciopelo en verde botella, pero no pudo faltar en una silla, como en tantas tardes, tu clásico lila y oro, el mismo que el día de "Cantinero", tu último triunfo en tu templo. Ese traje ya quedará para la posteridad: “Chenel y oro”. Muchos toreros serán los que elijan esas sedas para vestirse de luces, porque posee un valor añadido: el que lo llevase uno de los referentes de la tauromaquia en las últimas décadas del siglo XX. Un maestro que lucía un mechón de plata como una pincelada celestial que distingue a los privilegiados y tú lo eras. Te recuerdan como maestro, pero quizá se quede corto este apelativo. Eras algo más, un catedrático de este arte, el de torear y el de vivir. Figura, tanto dentro, como fuera del redondel.

Hasta última hora sentaste cátedra y te nos fuiste con 79 años de edad, pero muchos más de vida. Un modo diferente de interpretar y afrontar el paso entre los mortales. El tabaco, maldito fumeque que diría Juncal, se ha llevado a uno de los grandes. Hombre querido por todos. Sólo hizo falta observar la cantidad de gente, profesionales y aficionados, que reservaron unos minutos de este lunes para darle el último adiós.

Del mismo modo, Chenel, has dejado un hueco irreparable entre tus compañeros, los cuales lloraban rotos a las puertas de tu casa, tu templo y plaza, las de Las Ventas. Saliste a hombros y directo fuiste al paraíso. Ahora, allá en el ruedo celestial, en donde se encuentran los buenos y los privilegiados, el cielo seguro, abrirás tu capote para firmar otra faena como la de "Atrevido" y otras muchas más que dejaste en vida, pero en esta ocasión serán los ángeles quienes saquen el pañuelo de blanco inmaculado para pedirte los máximos trofeos. Desde allí seguirás inspirando a muchos que te conocieron y te conocerán. De nuevo, cada tarde de San Isidro te volverás a vivir el toreo con otros maestros que allí te esperan para formar parte de su senado de sabios del toreo. Descanse En Paz Maestro.


sábado, 22 de octubre de 2011

Adiós Chenel, adiós Maestro


Antonio Chenel Albadelojo "Antoñete", maestro de maestros. Tu mechón canoso ya forma parte de acervo cultural taurino, al igual que tu faena a "Atrevido". El toro blanco que allá en el cielo, porque no te mereces otro sitio, estará esperando a que les vuelvas pegar esas verónicas, esos naturales...esos que tú, sólo tú sabías firmar. Esa entidad torera, esas manoletinas clavadas en la arena. Atrevido, tu toro y tu adjetivo, porque fuiste un vividor, pero de los buenos. Lo que ganabas con tus femorales lo disfrutabas, porque lo valiste y lo sigues valiendo Torero.

Desde la primera vez que te vestiste de luces, allá por 1946 hasta hoy, 22 de octubre de 2011, has representado a tu profesión como el mejor. Tu forma de interpretar la vida y la lidia fue única. Tu sentido para oler a los toros nada más salir de la puerta de chiqueros, tu inteligencia, tu torería... Todo se nos va contigo a tus 79 años.

Así todo, huérfanos quedan los toreros venideros, pero los que bebieron de tu sabiduría están tristes por tu perdida, pero se han de considerar privilegiados por haberte conocido. Porque ni tus dolencias óseas ni la crítica te echaron para atrás. Fuiste genio y figura, para irte y volver a los ruedos, pero el maldito tabaco te ha sacado de este albero que es la vida.

No te olvidaremos, jamás, aunque tú (me perdonará que a estas alturas del texto le pida permiso para tutearle, porque antes ya me permití la licencia) estés allí, en el cielo, con tu Ducados -maldito tabaco- mirando a los chavales que nunca te conocieron, nosotros, tus legados, los que te conocimos debemos hacerte presente. Todo aquel que quiera ser algo en este mundo, debe, por obligación, saber de tu interpretación del toreo. De tu maestría, de tu genio y tu vida. Olé tú, olé usted, olé por las buenas faenas nos dejaste y olé por tu "girón de luna blanca" como cantó tu a amigo José Luis Cantero, alias El Fary.

Descanse en Paz un artista coronado con un mechón de plata, manos de oro, muñecas de seda, alma de gigante, corazón de golondrina y eras la nobleza en estado puro. Se va Antoñete, con su eterno lila y roro, se va un TORERO.


sábado, 8 de octubre de 2011

Juan José Padilla, un Ciclón... de vida


«No veo, no veo, por Dios, mis niños» fueron las palabras que gritaba Juan José Padilla nada más recibir la brutal cornada de "Marqués". Exclamaciones que nacieron del dolor y que se clavan en lo más profundo del corazón taurino. Un hombre con el rostro destrozado, un valiente herido en combate, un Ciclón de vida que en unos segundos se veía en el umbral de un túnel, del que afortunadamente saldrá. Seguro. Padilla, torero que emana energía positiva y vitalidad en todo momento, se enfrenta al toro más complicado de su vida. Muchas serán las complicaciones, pero con torería, pundonor -ese que siempre derrochó- y el temple, el de Jerez nos volverá a regalar su eterna sonrisa.

De poco sirve ahora hablar de pasado o de futuro, es momento de respirar por el milagro de la vida. Ese divino capote de la Virgen del Pilar. Qué oportuno fue. Padilla está con nosotros ahora y nosotros -el mundo del toro- con él. El astado de la recuperación será incierto, dará arreones, desparramará la vista, probará, pero el Ciclón está curtido en mil batallas y con la ayuda de su cuadrilla, todos los que amamos esta divina locura llamada tauromaquia, formará un lío monumental que brindará a la vida, la suya y a la de sus niños.

En una sociedad en la que la muerte se quiere ocultar o ignorar, en el mundo del toro somos conscientes de que está ahí, latente y al acecho, pero cuando las cosas se complican, se produce una erupción de vida que es difícil de describir con palabras. Una vez más, y van muchas, el corazón taurino ha latido con fuerza en pos de la recuperación de un miembro de esta generosa familia, que se desvela por los suyos, que reza para que todo salga bien, que llora junta en los malos momentos. Una familia que tiene sus diferencias, sí, pero que cuando se une es capaz de crear un Ciclón de vida que se lleva por delante los malos momentos. Cuando hay que afrontar estas vivencias, las duras, es cuando se ve la verdadera naturaleza de las personas y en este caso se ha producido una avalancha de solidaridad, civismo, integridad y fuerza para con el maestro jerezano.

Por todo esto, es momento de sacar ese orgullo de pertenecer a una Familia que arrima el hombro cuando vienen mal dadas, cada uno desde su parcela: los médicos, los periodistas, los toreros, los aficionados... Cualquier detalle, por mínimo que parezca, supone un poco más de aliento para alcanzar un final feliz. Todos, en la medida que pueden, serán, o seremos, partícipes del milagro de la vida. Por eso, los partes meteorológicos deben prevenir que se avecina un Ciclón, un Ciclón de fortaleza y vitalidad que se llama Juan José Padilla. #fuerzapadilla.


miércoles, 24 de agosto de 2011

D.O. Morante de la Puebla


 Que grande es la Fiesta, nuestra Fiesta, esa que algunos se quieren cargar con el único pretexto de que huele a España, y que grande es Morante. Después de la catarsis de toreo que se vivió en el cuarto festejo de la Semana Grande de Bilbao, llegó lo mejor, la resaca. La resaca de una borrachera de arte y emotividad.


En esta ocasión el regusto es y será maravilloso. No duele la cabeza y se tiene sed, sí, pero de más licor de torería en estado puro. Esa botella que descorchó Morante ante el cuarto de Cuvillo. Un vino que precisó de aire, reposo y paciencia para degustarlo. Ya durante la faena (en sus inicios sobre todo), algunos dijeron que era zumo de brick (toro «mal andao» como diría Antoñete y sin fijeza, pero con motor), pero no, era sublime caldo fermentado en roble de La Puebla para deleitar los paladares más exigentes. Él y sólo él, Morante, supo alcanzar la fórmula secreta de su elaboración. Tuvo todo: buen color, colorado como «Cacareo»; buena nariz, buena lidia; punto de acidez perfecto, esa tercera vara; buen gusto, ese inicio por bajo y sometiendo; y, sobre todo, buen retrogusto, faena para enmarcar y que quedará en las retinas de todos y en el acervo histórico de la tauromaquia. Pero como en toda borrachera, no faltó: «La última y nos vamos», esa tanda por el izquierdo cuando el animal ya se hallaba en el delirium tremens. Morante recetó tres naturales monumentales y me quedo corto. El sevillano fue el único que tuvo fe en ese pitón y le dio a su caldo esos matices que hacen diferente a este vino.

Borrachos todos, hoy tocaba la mencionada resaca. Y como en la vida, no todos toleran el buen vino del mismo modo. Unos hablan de que fue para tanto, otros que con toros así cualquiera, aquel que si sólo torea cuando quiere...palabras que se pierden en la inmensidad de elogios de los que se han levantado con resaca, pero toreando y soñando con ese «Cacareo» metiendo la cara en los avíos de José Antonio Morante Camacho y su bravura sometida a los designios de una psique compleja, pero a la vez maravillosa del Genio.

Así todo, sobran los comentarios. Esto de los toros, cuando hay buena materia prima, y ayer la hubo, vaya corridón que soltó Álvaro Núñez del Cuvillo al ruedo de Vista Alegre, se convierte en un festival para los sentidos, aunque a algunos les cueste discernirlo.

Viva Morante, los toros y el buen vino.



martes, 23 de agosto de 2011

¿Justicia?


El toro pone a cada uno en su sitio...sí, pero en el ruedo, porque en los despachos priman otros intereses u otros parámetros para confiar en unos toreros a la hora de hacer carteles y suplir bajas que se producen a lo largo de la temporada. El ejemplo de lo que comento lo tenemos calentito, recién salido de la tercera de las Corridas Generales de Bilbao. La terna, compuesta por Diego Urdiales (que sustituyó a Fandiño tras su percance en Málaga), César Jiménez y Matías Tejela, se las vio con un exigente encierro de Fuente Ymbro que tuvo mucho que torear. Propicios para tirar la moneda y dar el aldabonazo en las puertas del toreo. El único que cosechó, y por consiguiente recolectó, fue Urdiales.

El riojano sabe lo que cuesta entrar en las ferias y salió a por todas, incluso jugándose el tipo. Toda la actitud mostrada en arena gris de Vista Alegre, recompensada con una vuelta al ruedo de ley y una sonora ovación, es para que su nombre estuviese en los primeros puestos de las agendas de los empresarios, porque es garantía de entrega y, sobre todo, torería.

Así todo, no pasaron ni dos horas de terminar el festejo en Bilbao, con el evidente triunfo de Urdiales, y la empresa de Almería elige a César Jiménez para sustituir a Fandiño en el ciclo andaluz.

«No entiendo nada», esa es la frase que pasó por la cabeza de muchos periodistas y aficionados que fueron testigos del REPASO que dio el de Arnedo a Jiménez y Tejela en una plaza de primera. No entra en el marco de la lógica que un torero, que había estado muy por debajo de sus toros y mermado por una cornada reciente, fuese el elegido para esa sustitución. Si los de Fuente Ymbro pusieron a Urdiales un peldaño por encima de sus compañeros de cartel, los que están en los despachos se encargaron de bajarlo en apenas unas horas.

¿Qué ilusión puede tener un hombre que se juega día a día sus contratos, que lucha como un jabato en corridas duras y da siempre la cara? Debe ser, y lo es, muy frustrante ver como se olvidan del buen trabajo de uno en cuanto se echa el telón de la tarde. Palmas en la espalda y «hasta la próxima majete». ¿A que obedece la decisión de olvidarse del triunfador de la tarde? ¿El «cambio de cromos»? Pues basta ya de cambios de cromos entre empresarios-apoderados, que ellos serán quienes se carguen la Fiesta.

Fruto de estos intercambios, hay toreros que cuentan con un número estable de festejos, muchos de ellos en plazas de categoría y sin necesidad de esfuerzos, «¿pare qué?, si tengo mi puesto en tal y cual sitio...», pensarán. La cultura del mínimo esfuerzo y de los intereses creados –siempre intereses del bolsillo, no del aficionado– impera en este mundo del toro.

Esta circunstancia minaría la moral de muchos, pero, intuyo, que el amor a esta profesión, la afición desmesurada y la constancia en su sueño harán que toreros como Urdiales, Fandiño o David Mora –entre otro muchos más que se hayan en el ostracismo– siguen trabajando para sacar la cabeza y, esperemos, recojan los frutos de su tenacidad. Son hombres que en cada paseíllo se la toman como una reválida para decir: «Aquí estoy yo», aunque aquellos que quitan y ponen, hagan oídos sordos.

Esperemos que la ecuanimidad y, sobre todo, la justicia se conviertan en los patrones de actuación a la hora de decidir los nombres elegidos para las ferias. Los aficionados no son tontos, pese que algunos lo crean, y saben discernir quien viene de vuelta y quien se toma su profesión con el rigor y la seriedad que merece. Ojalá que esos toreros que están ahí, luchando día a día, no pierdan la fe y abandonen el camino, que al final, supongo...¿habrá justicia? Hasta entonces... Urdiales en casa y otros vistiéndose de luces.

lunes, 22 de agosto de 2011

Ciudad Real: José Tomás y el trabajo bien hecho


Pasó la Feria de Ciudad Real y es momento de hacer balance, escrutar las cosas buenas y las malas de un ciclo histórico por la asistencia de público. ¿Dónde está el secreto? ¿Los precios asequibles? ¿La presencia de José Tomás? ¿Carteles –a pie– rematados? Muchas son las variables que han ayudado a que este año se vea poco o nada de cemento en los tendidos del coso ciudadrrealeño. El revulsivo de esta Feria fue la contratación, contra pronóstico, de José Tomás. El de Galapagar atrae a gente allá por donde se anuncia y dispara la demanda de localidades, pero los cuatro días el aspecto de la plaza era espectacular. El día que menos gente acudió fue a la novillada de promoción, con tres cuartos del aforo. En el resto de festejos el «lleno», con sus matices, apareció en todas las reseñas.

Atrás quedaron desoladoras tardes de un quinto de plaza. Los vecinos de la ciudad, así como de los alrededores, han disfrutado en plenitud de la Feria de la capital de provincia. Un ciclo que estaba en la UVI, parece que recupera las constantes vitales, gracias, en gran medida, a la seria labor desarrollada por su actual gerente, Maximino Pérez. Anteriores gestores, todos, sin concretar en uno sólo, habían convertido esta plaza en un «burdel», en el que el rigor y la seriedad en la gestión brillaban por su ausencia. Baile de corrales; carteles ficticios que luego, por motivos «extraños», no llegaban a darse; demora en los pagos... una serie de actuaciones y actitudes que fueron minando la moral del buen aficionado manchego.

Todo lo malo se ha ido erradicando y en esta edición el éxito ha sido casi rotundo. Digo casi, porque hay aspectos por pulir. En primer lugar el ganado, aunque hay que reconocer que ha sido bastante digno, poco a poco habría que darle mayor entidad a los astados reseñados para consolidar el serial y se convierta en referencia para aficionados y toreros. El siguiente paso es la información al aficionado, no se ha visto un sólo programa de mano y una octavilla con los datos del encierro, salvo el folio del reconocimiento clavado en la puerta grande. Son detalles que ayudan a darle entidad a la feria de Ciudad Real. La apuesta por las nuevas tecnologías y las redes sociales es una gran innovación, pero hay que tener en cuenta que muchos aficionados no se manejan en esos lares. Los aficionados al toreo a caballo se vieron, en cierto modo, marginados, dos carteles de campanillas a pie, pero el de rejones quedó un tanto descafeinado, aunque luego disfrutaron con las ganas de dos jóvenes jinetes que están haciéndose hueco en este mundo. Y por último, aunque no sea potestad de los gestores, sino de la propiedad del inmueble, el Ayuntamiento, la necesidad de mejoras en las infraestructuras. Los accesos a las gradas son una auténtico caos, los servicios tercermundistas y un reloj que cada día se retrasaba más, por favor, denle cuerda.

Así todo, el trabajo serio y bien hecho ayuda a recuperar a esa afición que nunca se fue del todo y ha vuelto cuando ha visto seriedad, confianza en la empresa y, sobre todo, a José Tomás en los carteles. Esperemos que el año que viene Maximino Pérez, siga trabajando en la línea que lo está haciendo hasta ahora, potencie las virtudes y subsane los errores, que el público acudirá.

domingo, 21 de agosto de 2011

El hambre lo puede todo

Fernando Tendero aprovechó la oportunidad en Ciudad Real y salió a hombros tras cortar sendas orejas, mientras que Morante y El Juli se fueron de vacío



Foto: Raquel Montero

«Más cornadas da el hambre», decían (y se dice) en el mundo del toro. Pero ese hambre, si es de contratos y triunfos, cortan orejas y te saca a hombros de las plazas. Fernando Tendero se encontró con la sustitución de Cayetano en Ciudad Real como agua de mayo y esa misma agua en forma de lluvia amenazó su presentación como matador de toros ante sus paisanos, pero el mal tiempo sólo fue una anécdota más de una tarde tan especial, porque el éxito lo tapa todo: la adversidad meteorológica, el mal juego del ganado, las imperfecciones propias de un torero que hacía su primer paseíllo del año... La idea de Tendero era clara: aprovechar la oportunidad presentada en bandeja de plata. No todos los días se comparte cartel con dos figuras del toreo, con la repercusión y responsabilidad que ello conlleva.

De este modo, estaba claro que no era tarde para especular, sino para lanzar la moneda. Fernando Tendero agarró el percal y se dirigió hacia el portón de los sustos para recibir al tercero a puertagayola. Es lo menos que se le puede exigir a uno que llega a esta profesión y tiene un largo y arduo camino que labrarse. Rodillas en tierra, Tendero le recetó un farol seguido de sentidas verónicas que despertaron el entusiasmo del respetable. El manchego estuvo especialmente motivado, como evidenció en un vibrante quite por gaoneras con el compás abierto. Ya con la franela, el de Villarta de San Juan fundamentó su labor por el pitón derecho, puesto que por el zurdo el animal acortaba el viaje. Por momentos consiguió templar la embestida del de Santiago Domecq, pero la falta de fuerzas del animal hizo que en lugar de embestir, se defendiese cabeceando. La faena fue perdiendo en intensidad, pero si el toro no iba, allí estaba el villartero para dar el arrimón y aguantar parones, que, por si no había quedado claro, demostraba la avidez que tiene de oportunidades para ser figura del toreo. La espada entró, punto caída, pero la gente estaba con el torero.

Ante el sexto, con el hierro de Ana María Bohórquez, Tendero no tuvo opción de lucimiento con el capote. Ya tenía una oreja cortada de su primero y la puerta grande entreabierta, el toro no era el propicio, pero la meta estaba cerca y no valía rendirse. El prólogo de faena, con las rodillas clavadas en el albero, metió a la gente en lo que estaba pasando en el ruedo, puesto que andaba distraída con los incidentes de cuatro, que no pueden calificarse como aficionados. Tendero porfió buscando las vueltas a un toro deslucido y pegado al piso. Los mejores momentos llegaron al natural, pero sin alcanzar la ligazón que hubiese hecho rotunda su actuación. De nuevo la entrega y las ganas le valieron el apéndice que le sirvió como salvoconducto para salir en volandas.

Antes, El Juli se las vió con un lote deslucido y áspero. Ante el segundo, otro remiendo de Ana María Bohórquez, se lució a la verónica y con un quite por chicuelinas. El madrileño instrumentó una faena a favor de su oponente, pero poco a poco demostrando quien mandaba en la lucha hombre-animal. El burel soltaba la cara al final del muletazo tirando derrotes a las hombreras, pero, con una facilidad abrumadora, El Juli consiguió encelar a su adversario en el vuelo de los avíos, sobre todo por el pitón derecho. El público conectó con la labor del de Velilla y, tras dejar éste una estocada trasera, los pañuelos afloraron para pedir con insistencia la oreja que el palco negó. El quinto fue un animal rajado y deslucido, que poco ayudó para hacer el buen toero. Pese a todo, El Juli pudo instrumentar una faena de técnica e inteligencia, para sacar lo poco que encerraba el de Santiago Domecq.

Abrió el cartel Morante de la Puebla, que nada más abrir su capote dejó cinco verónicas y una media para enmarcar, todo apuntaba a lío gordo nada más empezar, pero se quedó en eso...apuntes, porque el toro se fue diluyendo con la torrencial lluvia que caía sobre el coso manchego. Pases aislados, buenos, pero aislados. Con el colorado que hizo cuarto, no hubo para nada y Morante optó por abreviar. El respetable entendió que el de La Puebla podía haber hecho más y le dedicó una ración de pitos, que también son parte de este juego.

Así todo, Fernando Tendero llegó, vio y triunfó. No tuvo a los elementos en su favor, pero el empuje, el hambre de contratos y las ganas de alguien por hacerse un hueco en el mundo del toro abrieron de par en par la puerta grande en Ciudad Real.

Ciudad Real. Última de feria. Se lidiaron toros de Santiago Domecq y Ana María Bohórquez (2º y 6º), correctos de presentación, deslucidos y faltos de fuerza en líneas generales. Morante de la Puebla, palmas y pitos; El Juli, ovación en ambos; y Fernando Tendero, oreja y oreja. Lleno.


sábado, 20 de agosto de 2011

Al César el éxito; a José Tomás el toreo eterno


Foto: Ernesto Naranjo


Jiménez salió a hombros tras cortar sendas orejas, mientras que el de Galapagar sólo pudo pasear un trofeo.

La canícula manchega no se quiso perder el quinto paseíllo de José Tomás tras su reaparición. Los termómetros apuntaban la febril cifra de los 40 grados, pero eso no amedrentó a los aficionados venidos de aquí y de allí para ver al mito moderno del toreo. Todos, uno a uno, formaron el tupido tejido humano que abarrotaron los vetustos tendidos de la plaza de Ciudad Real. No cabía un alfiler y respirar era cuestión de supervivencia, porque faltaba el aire por momentos. Más de 8.500 almas que esperaban con impaciencia que saliera el toro y la emotividad en el ruedo dejase en segundo plano el sofocante calor.

Así todo, en cuanto la terna de presentó en el remozado albero, todo, el calor, los problemas de a la hora de acceder a los tendidos, el impuntual comienzo..., pasó a un segundo plano. José Tomás estaba allí –el «mesías» para muchos empresarios– con un terno que sembró la duda entre los que fuimos testigos del evento. ¿Nazareno? ¿Ciruela? ¿Tabaco? Daba igual. Lo importante era que la ciudad manchega contaba con el privilegio de convertirse en una de las escasas paradas del torero madrileño en su corta temporada. Pero en el cartel no era sólo él, Víctor Puerto, en un gesto torero, salió de la clínica horas antes de vestirse de luces y cumplir el compromiso ante sus paisanos, aunque se le vio sensiblemente mermado. César Jiménez, a la postre triunfador de la tarde, llegaba con la vitola de triunfador en Madrid.

Acabado el protocolo inicial y la acogedora ovación para los tres espadas, se abrió el portón de los sustos y es en ese momento cuando el que marca las normas es el toro. Jiménez triunfó, pero el toreo profundo y que emociona lo puso José Tomás. Por la derecha o por la izquierda, daba igual. Con el segundo de la tarde, saludó con primorosas verónicas ganando terreno al burel hasta sacarlo a los medios y metiéndose, como si no lo tuviese, al público en el bolsillo. Ya con la franela, nada de probaturas: brindis y a torear con la diestra. Sin forzar al de Torreherberos, en lineas rectas y dejando espacio y tiempo. El animal andaba justo de motor y había que cuidarlo. Faena para sentar cátedra. Tomás embarcó las embestidas muy delante para llevarlo templado hasta....no sé, ¿el infinito? Si de escándalo fueron las tres tandas con la diestra, con el toreo al natural puso la «caldera» al rojo vivo. Ofrecía el pecho a su oponente, se cimbreaba como un junco azotado por el viento. La pureza del toreo personificada. Todo con una suavidad parsimoniosa. Roto de cintura, compás abierto y muñeca de seda fueron la combinación perfecta. En el ocaso de la labor, doblones torerísimos y unos estatuarios de impoluta verticalidad. Con los dos trofeos asegurados, el acero se volvió romo al primer intento restando enteros a su actuación. A la segunda entró la espada, pero la gente, aunque parezca mentira, se enfrió y sólo cobró una oreja de mucho peso.

Si en el segundo vimos la versión eterna del toreo, en el quinto. José Tomás tragó mucho de un jabonero manso, pero con arreones de dudosas intenciones. Si no había toro, había un torero que no entiende de fronteras entre el terreno del animal y el terreno del hombre. No existió esta dualidad de espacio. El diestro intentó provocar la embestida metido entre los pitones, pero lo único que consiguió poner el corazón en un puño al respetable, que supo valorar el esfuerzo y valor que derrochó José Tomás, aún sabiendo que esta tarde tampoco saldría por la puerta grande.

Quien sí salió en volandas fue César Jiménez, que sorteó el lote con más movilidad de la tarde. Con dos faenas marca de la casa: descalzo, gustándose, compás abierto y buscando la profundidad, pero la falta de fuelle del astado no permitió bajar la mano en demasía. Actuaciones vistosas, aprovechando el ir y venir de reses que se dejaban hacer, pero que no colaboraban en exceso. Jiménez anduvo inteligente para dar fiesta a sus oponentes. Destacó también el de Fuenlabrada con el capote ante su primero, con verónicas de manos bajas, ahormando con suavidad la embestida de la fiera y un quite por chicuelinas, de nuevo con agarrando el percal por debajo de la cintura y rematando por tafalleras y larga de una gran plasticidad. La gran estocada que recetó al tercero, algo trasera, pero de efecto rápido provocó que los pañuelos aflorasen en los tendidos. Oreja, fuerte petición de la segunda y bronca monumental para el palco. Ante el sexto estuvo menos hábil con la espada, pero no le impidió pasear otro apéndice que le aseguraba sumar otro triunfo a su temporada.

Abría el cartel un Víctor Puerto con las heridas aún supurando después de fuerte cogida sufrida cinco días antes en el coso de La Malagueta. Gesto de gallardía y vergüenza torera. El manchego salió a dar la cara, pero la mala fortuna, en este caso se puede decir la mala pata derecha del primero de Torrehandilla, quiso que se fracturara en el primer muletazo y tuvo que ser apuntillado en el ruedo. Antes, pudo dejar detalles de su tauromaquia toreando relajado a la verónica y garbosas chicuelinas. Con el áspero toro que hizo cuarto de la tarde se agudizó su merma física. Visiblemente cojeando sólo pudo hacer faena al hilo de las tablas, puesto que el animal huyó al olivo en cuanto tuvo ocasión. Fue un animal que había que llevarlo muy tapado para que cogiese los avíos con codicia, pero Puerto andaba muy limitado para hacer frente a las complejidades de su oponente.

Así todo, a José Tomás se le volvió a resistir abrir la puerta grande en Ciudad Real. Desde su regreso a los ruedos en Valencia el pasado 23 de julio ha sumado tantas orejas como paseíllos, pero pese a la falta de triunfos rotundos, cada día deja más claro, con su toreo profundo y lleno de verdad, que ha vuelto para situarse en los terrenos reservados para figuras que marcan época. Al César (Jiménez), lo que es del César: el éxito; y a José Tomás el toreo eterno.

Ciudad Real. Se lidiaron toros de Torreherberos y uno de Torrehandilla (1º y 5º), correctos de presentación, aunque desiguales de hechuras. Manejables en general, aunque faltos de fuerzas. Víctor Puerto, de grana y oro, apuntillado tras romperse una pata (silencio); estocada caída (ovación). José Tomás, de nazareno y oro, pinchazo, estocada (oreja); pinchazo, pinchazo hondo (ovación). César Jiménez, de rosa y plata, estocada (oreja); pinchazo, bajonazo (oreja). Lleno de «no hay billetes».


miércoles, 8 de junio de 2011

Hay trenes que sólo pasan una vez...


Tejela pinchó una faena intermitente a un gran toro de Los Bayones; Rafaelillo y Urdiales, sin opciones en la primera del Aniversario
La lluvia amenazó la celebración del primer festejo de la Feria del Aniversario. A pesar de las predicciones que alertaban de que podría caer agua a cántaros, la empresa decidió quitar la lona al mediodía y casi dio al traste con las ilusiones de tres toreros que se jugaban mucho en su paseíllo en Madrid. Era una cita en la que subirse al vagón de honor para disfrutar de un viaje plácido en el próximo tramo de temporada. Pero este tipo de trenes, los directos al éxito, sólo pasan una vez en la vida y el de ayer, para Matías Tejela, se llamaba «Garlitero», herrado con el número 83 y de la ganadería de Los Bayones. Un toro que tuvo calidad, nobleza y, sobre todo, transmisión. Un tren con destino a la gloria. Sin duda, un toro para tener muy en cuenta por los jurados que luego designan los triunfadores de este apéndice del ciclo isidril. Todo estaba de cara para que el madrileño diese ese aldabonazo que lleva persiguiendo años. Que embestida más franca, que recorrido, hasta el final del muletazo y sin dar un derrote, como descolgó el ejemplar de Manuel Hernández... Una delicia para soñar el toreo. Tejela lo interpretó ya con el saludo de capa, lo midió en varas y lo cuidó para que en el ultimo tercio el animal se emplease. Y vaya si se empleó. Pronto, fijo, humillando y llegando a los tendidos. En este caso no se puede hablar de que fuese un oponente, sino un esmerado colaborador. El de Alcalá de Henares brindó y se fajó por ambos pitones, con pintureros cambios de manos, afarolados, todo muy barroco, pero sin terminar de romperse y ajustarse. Las fuerzas del animal se fue diluyendo y la faena se dilató en demasía, enfriando el ánimo en los tendidos. No obstante tenía al público en el bolsillo y el trofeo asegurado si enterraba la tizona en el hoyo de las agujas, pero...la fortuna se fue un momento y tras ella la mano de Tejela, que recetó dos metisacas infumables y una media caída. Que mas final a una faena que le iba a dar ese triunfo que tanto necesita para catapultar su carrera. Se vino abajo el torero y la tarde, porque en su segundo turno, ante un impresentable sebrero de Valdefresno, poco pudo hacer ante el déficit de raza y casta que tuvo el burel.

Rafaelillo necesitaba sacarse la espinita de la corrida de Jose Escolar en los primeros días de San Isidro. El murciano sólo pudo firmar 6 pases de cierta profundidad y metraje: la primera tanda al que abrió plaza, después nada. El cuarto lo brindó al maestro Ortega Cano, ¿no se merecía algo más el bueno de Ortega?. El animal apuntó buenas maneras en los primeros tercios, pero a la muleta llegó seco y defendiéndose. Lástima por el murciano que siempre expone más de lo que cosecha en el coso de la calle Alcalá.

Como el resto de la terna, Urdiales necesitaba de la tarde para mirar con optimismo el futuro. Llegó como favorito en las quinielas de muchos, pero no tuvo nada enfrente, ni el del hierro titular, con el que estuvo torerísismo y muy por encima del oponente, ni el sobrero de Fraile Mazas, bien presentado pero vacío. El riojano se quedó también a cero y tendrá que remar contracorriente de nuevo esta temporada.

El prólogo de el Aniversario, marcado por las inclemencias meteorológicas, sólo tuvo una parada para un tren de alta velocidad: Garlitero, pero Matías Tejela no pudo subirse. Esperemos que hoy haga transbordo Morante y por fin se suba a preferente, que los «gallitos» del escalafón ya se subieron en su paso por Madrid.

Las Ventas (Madrid). Se lidiaron toros de Los Bayones, desiguales de presentación, vacíos de raza a excepción de 3º, noble y con transmisión. El 5º y 6º, sobreros de Fraile Mazas y Valdefresno respectivamente, sin raza y de juego nulo. Rafaelillo, silencio tras aviso y silencio; Diego Urdiales, silencio tras aviso y silencio; y Matías Tejela, ovación tras aviso y silencio. Algo más de media entrada.

jueves, 2 de junio de 2011

Fandiño seduce a Madrid


Madrid tiene un nuevo torero, de Orduña sí, de Bilbao sí, pero ¿no dicen que los de Bilbao nacen donde quieren? Iván Fandiño demostró, de nuevo, que quiere ser figura y que su nombre suene fuerte en el mundo del toro. Las tres tardes que ha hecho el paseíllo este año en Madrid ha dado lo un recital de ambición, torería, valor y, sobre todo, arte. Ha bailado con todo, con las guapas, de El Montecillo; las feas, de Carriquiri; y con las del montón, ayer con las de Cuadri. Pero con todas estuvo firme, marcando el número en la arena y siempre con una colocación perfecta en la cara del toro. Eso vale mucho en Las Ventas. Hay que destacar que la suerte en el sorteo estuvo de su parte porque le tocó el mejor lote de un encierro de Cuadri con mucha romana, badanudos y muy en el tipo de la casa. Vamos, lo que demanda el público venteño.

El quinto, de nombre «Podador», pudo ser el toro que catapultase a Fandiño a los puesto de referencia para este año. Un animal que embistió, si no con toda la clase que se le exige al toro perfecto, al menos con transmisión en los primeros compases de la faena. Hasta a la montera, que se hallaba sobre el ruedo después de que el vasco lo brindase a la parroquia, embistió el bravo ejemplar de hierro onubense. Comenzó la actuación en los medios, con la mano diestra, bajando el engaño, embarcando al animal desde delante y rematando atrás, como mandan los cánones. El viento, que molestó toda la tarde, dejaba la franela sin gobierno y el bilbaíno no pudo templarlo como el quisiera. Uno detrás de otro se sucedieron los enganchones, lo que afeó su labor, sobre todo por el pitón izquierdo. Cuando cambió a la siniestra, la faena bajó enteros, pero la estocada, echándose encima del toro bien valió esa oreja. Trofeo que también se le pidió tras pasaportar al segundo con otra estocada de manual. ¡Qué manera de tirarse a matar!, hasta los gavilanes y en todo el hoyo de las agujas. Lástima que el toro tardó en rodar, lo que enfrió los tendidos y la petición fue minoritaria, pero la vuelta al ruedo fue de ley, con todo el mundo entusiasmado con él y batiendo palmas con fueza.

Alberto Aguilar salió por su propio pie de milagro porque la cogida que recibió del tercero de la tarde fue brutal, pero el madrileño siguió en el ruedo, aunque no fue por intentos que hizo «Aviador» por mandarle al hule. Entrando a matar a éste cuarto también se llevó un susto de campeonato, el derrote que le lanzó al pecho era para dejar a más de uno sin habla. Ante el sexto, otro animal rajado y con malas ideas de nuevo, tampoco pudo hilvanar más de dos pases seguidos, porque rápidamente se encontraba con el de Cuadri encima. Aguilar estuvo valiente y al menos se justificó.

El Fundi volvía en la última tarde y no dejó contento a nadie. Se le vio por momentos apático y sin la claridad de ideas de otras veces. Se acabó la feria, pero de esta última tarde salió un romance, que, esperemos, dure para mucho tiempo. Es la unión de un vasco con una madrileña, es Fandiño y Las Ventas. Larga vida a este idilio.

Las Ventas (Madrid). Última de la Feria de San Isidro. Se lidiaron toros de Celestino Cuadri, bien presentados, con remate y cuajo. Cumplieron en el caballo. El 5º, enrazado; el 2º, con cierta clase. El peor el 3º, con malas intenciones. El Fundi, silencio y pitos; Iván Fandiño, vuelta al ruedo tras aviso y oreja; y Alberto Aguilar, palmas y silencio tras aviso. Lleno.

Palha...zo en la frente


El hierro portugués no ofreció juego alguno para la terna en el penúltimo festejo de la feria.



Después de «Rodalito», ese ejemplar de Peñajara que nos dejó fascinados antes de ayer por su bravura y codicia en la muleta, todo el mundo esperaba que al menos uno de los toros de Palha embistiera, que acudiera a rescatar el honor ganadero para esta edición de San Isidro. Los aficionados llamados toristas acudieron con una media sonrisa a la plaza como diciendo: hoy si vamos a ver toros de verdad. Pero la realidad echó por tierra esas elucubraciones y, si lo de ayer es ejemplo de torismo, que bajo ha caído este sector de la tauromaquia. No obstante los que poblaban el tendido del 7, los llamados protectores del toro y que «conecta» muy bien con este hierro, criticaron la escasa presentación de la escalera que embarcó para la tarde de ayer Joao Folque. El tercero, de nombre «Arbolario II», fue el claro ejemplo de lo que no de ser un toro de Madrid: anovillado, vacío de raza y mansedumbre de libro. El resto pasaron sin pena...y mucho menos gloria.

El primero se pudo salvar, en cierto modo, de la quema. Tuvo calidad por el pitón derecho y, si Bolívar hubiese cogido el aire, cuidado la colocación y elegido los terrenos que pedía un animal con una manifestante querencia a chiqueros, podría haber sacado más partido de «Peluquero I». Cuando la papeleta la había solventado con decoro, el colombiano dejo una estocada en el sótano. Con el cuarto, el cafetero se empeño en alargar una faena que, desde el principio, se vio que no iba a ningún lado. El astado se agarró a la arena y no dio ni una embestida medianamente aceptable. Bolívar se demoró y terminó por colmar la paciencia del respetable.

David Mora volvía a Madrid después de que el año pasado se las viese con el mejor toro de la feria, «Frijonero» de Calestino Cuadri. Pero ayer no tuvo esa suerte. No hubo ni «Frinojero» ni «Rodalito» ni nada, sólo un morucho, el mencionado "Arbolario II", ante el que el madrileño expuso a sabiendas de que poco podría sacar. Con el octavo, segundo sobrero de la tarde, jabonero de capa y con el hierro de Aurelio Hernando, se vieron la deficiencias de una cuadrilla que no lidió de manera ortodoxa al un animal, que pese a su naturaleza de manso que evidenció cuando se volvió a chiqueros hasta en tres ocasiones, tuvo calidad. En el tercio de varas fue masacrado con la complicidad del palco, porque «Bombero» fue al caballo hasta en cuatro ocasiones hasta que el señor presidente cambió el tercio. El burel se había vaciado y en la muleta terminó por apagarse y Mora poco pudo hacer salvo justificarse.

Salvador Cortes llegó a Madrid con el crédito que otorga los buenos pasajes que dejó con los toros de Victorino Martín en la Feria de Abril. Pero Madrid es mucho Madrid y, además de la adversidad de los oponentes, el segundo sobrero de Carmen Segovia y el quinto del hierro titular, que anularon cualquier posibilidad de lucimiento, no se le vio con la claridad de ideas como en La Maestranza.

Y así dieron las diez menos veinticinco y todos marcharon a sus hogares con un alto grado de indignación porque lo de nuevo Palha salió gato...y van varios años dando lo mismo. Es hora que se replantee su regreso a Madrid. O pida un rescate a la Unión Europea.

Las Ventas (Madrid). Vigésimo segunda de San Isidro. Se lidiaron toros de Palha, desiguales de presentación, alguno de ellos anovillados y escaso remate. El 1º, noble, pero manso y sin transmisión. El resto, de juego nulo. El segundo (bis), sobrero de Carmen Segovia, descastado; el 6º (bis), sobrero de Aurelio Hernando, con clase pero sin fuerzas. Luis Bolívar, silencio tras aviso y silencio; Salvador Cortés, silencio tras aviso y pitos tras aviso; David Mora, silencio y palmas de despedida. Casi lleno.

miércoles, 1 de junio de 2011

Luis Bolívar: «Será una tarde para apostar y conseguir un triunfo rotundo»


Por: Pedro L. Calvillo/Madrid

Horas antes de hacer el paseíllo en la vigésimo segunda corrida de San Isidro, Luis Bolívar se encuentra centrado en poder rentabilizar la fuerte apuesta que ha hecho al apuntarse a una de las corridas más duras del ciclo madrileño, la del hierro portugués de Palha. El colombiano tiene claro que en España tiene que jugársela con encierros «complicados» para conseguir alcanzar los puestos de honor en el mundo del toreo.


–Falta poco para hacer el paseíllo en la capital del toreo. ¿Qué sensaciones tiene?

–Es complicado describirlo, se siente miedo, responsabilidad, ilusión...es una mezcla de estados que cambian horas antes de esta cita. Es una tarde fundamental para mí, porque le debo muchas cosas a Madrid y es una afición que le ha dado todo.

–Fue usted quien eligió esta tarde y este hierro.

–Sí, en parte porque las opciones eran pocas para estar en San Isidro y porque con los toros de Palha estuve a punto de triunfar en esta plaza en 2008. Es un ganado que ha marcado mi carrera en España, con ellos he conseguido muchos de mis grandes momentos aquí. Espero que hoy salga ese toro que me permita firmar algo grande, porque lo necesito para alcanzar ese peldaño en el que quiero estar. Será una tarde para apostar y conseguir un triunfo rotundo.

–Al público de Las Ventas, que tanto le admira, ¿qué le puede ofrecer?

–Poner toda mi voluntad en triunfar. Espero que mis sentimientos y mis deseos fluyan y se hagan realidad. Es una tarde en la que no tiene que faltar el valor y la torería, porque es lo que quiere el público de Madrid. Sí tú te vacías, ellos también lo harán.

–Estamos acostumbrados a verle con los encierros «duros».

–Es cierto, pero yo no me quejo. Cuando uno se viste de luces no puede quejarse ni lamentarse. Hay que tener mucho respeto por esta profesión y afrontar lo que venga: duros, malos, buenos, regulares... Cada uno ocupamos el lugar que nos merecemos y es el toro el que hace nos da o nos quita lo que tenemos.

–En América tienen otra consideración de usted, tiene otro estatus.

–Allí tengo otro cartel es evidente. Allí me tratan como una figura consagrada y entro dentro de otro tipo de corridas muy diferentes a las de aquí. Pese a ello, reitero que no me quejo y sigo trabajando para conseguir mis metas y tener las misma categoría aquí y allí. Y todo pasa por triunfar, por ejemplo, hoy en Madrid.

–Desde la retirada de César Rincón, es usted el que porta la bandera del toreo colombiano.

–Sí, como en la película «Sólo tú» (risas). Hace falta que salgan más toreros de mi país, porque eso ayudará a la Fiesta allí. La verdad es que el maestro Rincón marcó una época y él también era el único representante del toreo de Colombia en España. Ahora me toca a mí tirar del carro, pero aún me queda mucho para alcanzar la altura que adquirió el maestro.

–Volviendo a lo que deparará el futuro. ¿Cómo encara esta campaña por tierras españolas?

–Mi único pensamiento está en esta tarde. No se puede pensar a largo plazo, hay que ir poco a poco y triunfando corrida a corrida.