
Antonio Chenel Albadelojo "Antoñete", maestro de maestros. Tu mechón canoso ya forma parte de acervo cultural taurino, al igual que tu faena a "Atrevido". El toro blanco que allá en el cielo, porque no te mereces otro sitio, estará esperando a que les vuelvas pegar esas verónicas, esos naturales...esos que tú, sólo tú sabías firmar. Esa entidad torera, esas manoletinas clavadas en la arena. Atrevido, tu toro y tu adjetivo, porque fuiste un vividor, pero de los buenos. Lo que ganabas con tus femorales lo disfrutabas, porque lo valiste y lo sigues valiendo Torero.
Desde la primera vez que te vestiste de luces, allá por 1946 hasta hoy, 22 de octubre de 2011, has representado a tu profesión como el mejor. Tu forma de interpretar la vida y la lidia fue única. Tu sentido para oler a los toros nada más salir de la puerta de chiqueros, tu inteligencia, tu torería... Todo se nos va contigo a tus 79 años.
Así todo, huérfanos quedan los toreros venideros, pero los que bebieron de tu sabiduría están tristes por tu perdida, pero se han de considerar privilegiados por haberte conocido. Porque ni tus dolencias óseas ni la crítica te echaron para atrás. Fuiste genio y figura, para irte y volver a los ruedos, pero el maldito tabaco te ha sacado de este albero que es la vida.
No te olvidaremos, jamás, aunque tú (me perdonará que a estas alturas del texto le pida permiso para tutearle, porque antes ya me permití la licencia) estés allí, en el cielo, con tu Ducados -maldito tabaco- mirando a los chavales que nunca te conocieron, nosotros, tus legados, los que te conocimos debemos hacerte presente. Todo aquel que quiera ser algo en este mundo, debe, por obligación, saber de tu interpretación del toreo. De tu maestría, de tu genio y tu vida. Olé tú, olé usted, olé por las buenas faenas nos dejaste y olé por tu "girón de luna blanca" como cantó tu a amigo José Luis Cantero, alias El Fary.
Descanse en Paz un artista coronado con un mechón de plata, manos de oro, muñecas de seda, alma de gigante, corazón de golondrina y eras la nobleza en estado puro. Se va Antoñete, con su eterno lila y roro, se va un TORERO.
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