viernes, 18 de junio de 2010

La Fiesta, hablando en presente y ... ¿futuro?


Como bien diría Edmund Burke: “Nunca puedes planear el futuro a través del pasado”, no estamos en momentos de añorar tiempos pretéritos del mundo del toro, cuando estamos viendo que el futuro de la Fiesta se hace cada vez más opaco. La alargada sombra de los abolicionistas en Cataluña se cierne sobre otras regiones de España, esperemos que se traten de simples tormentas veraniegas, en este caso primaverales tardías, y sólo nos traigan chubascos puntuales.

Pero como dirían los más sabios, que nos más viejos, de mi querido país: “Cuando las barbas de tu vecino veas cortas, pon las tuyas a remojar”. En este caso, la posibilidad, cada vez más real, de que la iniciativa de Prou! para acabar con los toros en tierras catalanas se materialice, genera en todos nosotros, amantes del arte de “Cúchares”, una interrogante: ¿Será el primer paso de la desaparición de la Fiesta? Fijémonos en la recogida de firmas de la organización “El Refugio”, para promover una Iniciativa Legislativa Popular similar a la catalana, pero en la Comunidad de Madrid.

Si atendemos a las declaraciones de las personas que tienen entre sus manos el tema, no empieza a existir resquicio alguno para la mirar al futuro con grandes dosis de optimismo. El cruce de declaraciones entre los políticos, los rumores, los desmentidos y un rosario de aptitudes ambiguas no hacen más que echar por tierra la batalla que, como caballeros errantes, estamos librando los defensores de la Libertad, y como diría Sir Francis Bacon: “La perfección de la propia conducta humana estriba en mantener cada cual su dignidad sin perjudicar la libertad ajena”, muy al hilo de las pretensiones de los defensores de mundo taurino. Nuestra única postura es la de que se nos permita disfrutar de algo tan nuestro, tan representativo de nuestra cultura ibérica y mediterránea, la Fiesta de la Toros.

No es momento de recrearnos en lo que fue, en lo que ha significado, en lo que ha contribuido la tauromaquia a nuestro acervo cultural, que hay que reconocer que ha sido muy importante, pero no es debemos de vivir de las rentas, es hora de actuar y enarbolar la bandera de la libertad y la palabra como arma contra los ataques de aquellos cuyo gran punto débil es la ignorancia y la intransigencia. Se escudan en una doctrina “pseudo-progresista”, porque en realidad sólo son un grupo reaccionarios que quieren proteger sus intereses, y no el de los animales, de una manera poco trasparente.

Desde la administración
La defensa no debe quedarse simplemente en los aficionados, los organismos públicos deben de dejar su “escaño en la tribuna de la ambigüedad” y definirse en su postura. Como estamos observando en Cataluña, en donde muchos de los políticos se han quedado en terreno de nadie, es decir, dependiendo del foro al que se dirijan, se mojan más o menos en el tema. Son aptitudes poco claras que lo único que buscan es que el asunto no afecte a su caché electoral.

Aquellos que sientan la Fiesta como algo propio, sean del signo político que sean, da igual, porque el toro no entiende de ideologías, se deben convertir en la punta de lanza a la hora de repeler las ciegas acometidas de los abolicionistas. Es momento de mantenerse unidos, remar todos en la misma dirección para desarrollar medidas legislativas que protejan este bien cultural que nos pertenece.

Sin duda, ellos son quienes tienen la última palabra, porque se su labor legislativa dependerá que se pueda disfrutar de la majestuosidad de un toro frente a su enemigo, cuerpo a cuerpo, no hay estampa más representativa de lo que es la dialéctica entre la vida y la muerte.

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