jueves, 28 de enero de 2010

65 años despues, no es justo olvidar



Cuando una persona cumple los sesenta y cinco años se suele apartar de la vida laboral, pues bien, hoy un hito de la historia cumple esa edad, pero conviene no olvidar. Ayer se conmemoró el sexagésimo quinto aniversario de la liberación de las personas hacinadas en el campo de concentración nazi de Auschwitz, en Polonia, uno entre los tantos lugares de exterminio creados por los dirigentes de las SS del III Reich, pero quizá el que tiene una leyenda más macabra que el resto.

Un 27 de enero de 1945 las tropas de la URSS alcanzaron este enclave en su avance hacia la capital germana, liberaron a los cautivos denominados “antisociales”, en su mayoría judíos, gitanos y homosexuales, que aún quedaban en sus barracones, y comento que quedaban porque desde días antes los responsables del centro, viendo la rápida acometida de los soviéticos, decidieron incrementar el ritmo de ejecuciones e iniciar la evacuación de los restantes.

Siniestra historia.

Es evidente que lo sucedido durante el ascenso al gobierno y dictadura del Nacional Socialismo en Alemania es de los episodios más deleznables de la historia del siglo XX, incluso de la historia moderna del hombre. Son muchas las denuncias que se deben hacer, no solo la privación la libertad de pensamiento, expresión o para ejercer la práctica democrática, sino las innumerables vejaciones y torturas llevadas a cabo por los agentes de los cuerpos de seguridad nazis. Los prisioneros eran “conejillos de indias” con los que experimentar las siniestras ideas del doctor Josef Mengele, en la mayoría de los casos la extenuación y sufrimiento era tal que no había posibilidad de acabar con vida.


Son simples notas de una historia conocida por la mayoría de la sociedad y que dan certeza de lo cruel e inmisericorde que puede llegar a ser el hombre cegado por la ira y la ignorancia. A modo de anotación final sería bueno acordarse de una cita de Charles Baudelaire: “No se puede olvidar el tiempos más que sirviéndose de él”, si el episodio que conmemoramos queda en el olvido significará que no nos sirvió de escarmiento y estaríamos condenados a que la historia se repita, desgraciadamente. Una obviedad: no olvidemos, aunque en los medios de comunicación hayan pasado de soslayo por el tema, por no considerarse, con mal criterio, de actualidad e importancia.

ACLARACIÓN: En todo momento se ha empleado el término conmemorar en lugar de celebrar, porque en mi juicio no cabe esa valoración, ¿Se debe celebrar los episodios negros de nuestra historia?, sin duda este es uno de ellos.

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